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viernes, 18 de octubre de 2013

Caroline, los muertos no "hablan"

Sube y baja, el columpio sube y baja.
La tarde se ha quedado fría, pero los niños siguen jugando en el parque ajenos a ese frío. Las inocentes y tiernas risas llenan el aire y lo condensan.
Desde el banco de piedra en el que estamos sentados se ve el mar al fondo, asomando entre dos casitas veraniegas.
-Te digo que esos cadáveres tienen un mensaje, Charles.
-Joe, siempre tienes que ver más allá. No te vendría mal aprender a estarte quieto y disfrutar un poco más de la vida.
-¡Oh, claro! ¡Cúlpame a mí! Pero alguien tendrá que hacerse cargo para que esos niños sigan jugando y riendo.

El viento azotó las hojas secas del incipiente otoño como si de alguna manera quisiera remarcar lo que Caroline le explicaba a su compañero de piso.
-¿En serio te hablaron esos muertos?
-Bien, no me hablaron como tú y yo estamos hablando. Quiero decir que entre todos encierran un mensaje. Al principio no lo veía claro... ¡pero estaba ahí! ¡¡Delante de nuestras narices!!

-De acuerdo Joe, tú ganas. ¿Y cuál es ese mensaje?
-Yo no soy Joe... ¿tú quién eres?
La joven Caroline parpadeó perpleja.

-Charles, ¿qué pasaría si por un momento te dijera que realmente tú y yo no estamos aquí?
-Charles, soy Charles...