Tras los cristales el viento azotaba con fuerza las pocas hojas de los árboles. Estaba resultando un otoño duro y se apreciaba un invierno aun más crudo. Allá la noche era oscura y salvo el silbido del aire que se colaba por las rendijas de las viejas casas todo estaba en silencio. Hasta los búhos del bosque estaban quedos...
Sin embargo, en el hogar reinaba la calidez. La chimenea estaba funcionando a pleno rendimiento, ora exhibiendo grandes llamas de tonalidades rojas y amarillas, ora chispeando y crispando fuertemente sobre la madera aun húmeda. La televisión alegraba el hogar de vivos colores danzantes sobre las blancas paredes, de vivos sonidos variados. Aun se sentía el olor de la cena todo y que hacía buen rato que habían terminado; un olor intenso de cocido de carne con sus aromas contundentes; un olor que empezaba a mezclarse con el aroma del té y las pastas de licor.
La abuela se disponía a narrar sus historias, sus batallitas o sus anécdotas (según le fueran surgiendo) a sus estimados nietecitos que ya se habían estirado encima de la alfombra esperando su recompensa de la semana, como todos los viernes. Por supuesto, se habían preocupado de ahuecarle el cojinazo de la mecedora y colocar ésta entre la chimenea y los ventanales, como a la abuela le gustaba... Sabían perfectamente que las alternativas de dejarle tan embarazoso esfuerzo a la anciana sin acabar aburridos de la espera eran mínimas, así que inmediatamente les daban permiso a levantarse de la mesa corrían a disponerlo todo en su correcto orden.
Veréis... hoy mientras cenábamos he recordado aquella vez que estuve con Ge en un pueblo de cuyo nombre no consigo acordarme... ¿Cómo se llamaba? (largo silencio)... Bien, es igual... no es relevante para la anécdota... Os he hablado muchas veces de Ge... era mi mejor amigo cuando era joven... y un desastre; aquel día su despensa se había quedado completamente vacía...
Recuerdo que la noche anterior celebramos alguna fiesta... Y la fiesta debió ser sonada porque despertamos a las 20:30 horas del día siguiente... Recuerdo que desperté en el piso de arriba... un piso de techos bajos en el que hacía mucho calor... Él dormitaba en el sofá de abajo... Tras despertarle nos fuimos a tomar unas pintas al Irlandés de al lado... y sin quererlo nos dio la 1:30 de la madrugada... La noche en aquel pueblo era bastante tranquila, aun siendo sábado...
La verdad es que nos sorprendió el hambre a unas horas en las que encontrar algo de comer era más difícil que encontrar dos policías agradabl...
Nieta: ¡¡Eso no es cierto!! El otro día nos contaste que una vez en Madrid dos policías te hicieron de taxista...
Es cierto... jeje... De cualquier forma, encontrar comida a esas horas de la noche en ese pueblo suponía ser una historia imposible... No sé durante cuanto rato estuvimos dando vueltas por las calles, preguntando... Desesperados entramos en un club que disponía servicio de restaurante... Esperábamos que con un poco de suerte les hubiera sobrado alguna barra de pan... Pero tal suerte no existió así que empezamos a asumir que aquel día tocaba seguir bebiendo para olvidarnos del hambre...
Padre: Madre... ¿cuántas veces le he de decir que no hable así delante de los niños?
Abuela: Ay, ay, ay... ¡¡qué vas a hacer de esta vieja anciana!! A estas edades una no puede cambiar ya...
Como iba diciendo... en aquel club no había bocado para nosotros así que agachamos las cabezas en son de rendimiento... Mas cuál fue nuestra sorpresa... cuando vi aparecerse delante de mí una caja de pizza. La cargaba un chico joven y no dudé en abalanzarme sobre él:
Ju: ¡¡Uhhhhhh!! (señalando la caja)
Ja: ¿La quieres? (por supuesto se refería a la pizza...)
Ju: ¿De dón...?
Ja: Toma
(Me abrió la palma de la mano que señalaba nerviosamente la caja... y dispuso su pizza sobre ella...)
Ge: ¿Y tú? (por lo visto también mi amigo se abalanzó sobre la caja de la pizza)
Ja: Ya comeré algo cuando llegue a casa...
Ju: ¿En serio?
Ja: Sí...
...La pizza estaba tan rica...
Sin embargo, en el hogar reinaba la calidez. La chimenea estaba funcionando a pleno rendimiento, ora exhibiendo grandes llamas de tonalidades rojas y amarillas, ora chispeando y crispando fuertemente sobre la madera aun húmeda. La televisión alegraba el hogar de vivos colores danzantes sobre las blancas paredes, de vivos sonidos variados. Aun se sentía el olor de la cena todo y que hacía buen rato que habían terminado; un olor intenso de cocido de carne con sus aromas contundentes; un olor que empezaba a mezclarse con el aroma del té y las pastas de licor.
La abuela se disponía a narrar sus historias, sus batallitas o sus anécdotas (según le fueran surgiendo) a sus estimados nietecitos que ya se habían estirado encima de la alfombra esperando su recompensa de la semana, como todos los viernes. Por supuesto, se habían preocupado de ahuecarle el cojinazo de la mecedora y colocar ésta entre la chimenea y los ventanales, como a la abuela le gustaba... Sabían perfectamente que las alternativas de dejarle tan embarazoso esfuerzo a la anciana sin acabar aburridos de la espera eran mínimas, así que inmediatamente les daban permiso a levantarse de la mesa corrían a disponerlo todo en su correcto orden.
Veréis... hoy mientras cenábamos he recordado aquella vez que estuve con Ge en un pueblo de cuyo nombre no consigo acordarme... ¿Cómo se llamaba? (largo silencio)... Bien, es igual... no es relevante para la anécdota... Os he hablado muchas veces de Ge... era mi mejor amigo cuando era joven... y un desastre; aquel día su despensa se había quedado completamente vacía...
Recuerdo que la noche anterior celebramos alguna fiesta... Y la fiesta debió ser sonada porque despertamos a las 20:30 horas del día siguiente... Recuerdo que desperté en el piso de arriba... un piso de techos bajos en el que hacía mucho calor... Él dormitaba en el sofá de abajo... Tras despertarle nos fuimos a tomar unas pintas al Irlandés de al lado... y sin quererlo nos dio la 1:30 de la madrugada... La noche en aquel pueblo era bastante tranquila, aun siendo sábado...
La verdad es que nos sorprendió el hambre a unas horas en las que encontrar algo de comer era más difícil que encontrar dos policías agradabl...
Nieta: ¡¡Eso no es cierto!! El otro día nos contaste que una vez en Madrid dos policías te hicieron de taxista...
Es cierto... jeje... De cualquier forma, encontrar comida a esas horas de la noche en ese pueblo suponía ser una historia imposible... No sé durante cuanto rato estuvimos dando vueltas por las calles, preguntando... Desesperados entramos en un club que disponía servicio de restaurante... Esperábamos que con un poco de suerte les hubiera sobrado alguna barra de pan... Pero tal suerte no existió así que empezamos a asumir que aquel día tocaba seguir bebiendo para olvidarnos del hambre...
Padre: Madre... ¿cuántas veces le he de decir que no hable así delante de los niños?
Abuela: Ay, ay, ay... ¡¡qué vas a hacer de esta vieja anciana!! A estas edades una no puede cambiar ya...
Como iba diciendo... en aquel club no había bocado para nosotros así que agachamos las cabezas en son de rendimiento... Mas cuál fue nuestra sorpresa... cuando vi aparecerse delante de mí una caja de pizza. La cargaba un chico joven y no dudé en abalanzarme sobre él:
Ju: ¡¡Uhhhhhh!! (señalando la caja)
Ja: ¿La quieres? (por supuesto se refería a la pizza...)
Ju: ¿De dón...?
Ja: Toma
(Me abrió la palma de la mano que señalaba nerviosamente la caja... y dispuso su pizza sobre ella...)
Ge: ¿Y tú? (por lo visto también mi amigo se abalanzó sobre la caja de la pizza)
Ja: Ya comeré algo cuando llegue a casa...
Ju: ¿En serio?
Ja: Sí...
...La pizza estaba tan rica...