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domingo, 11 de diciembre de 2011

Con limón

Gata, gota, gueto, grita, gaita, gruta, grata, guita...
Grita, grita, grita, grita...
Gruta, ruta, puta, pata, pauta, pita, peta, rata..
Grita, grita, grita...
Rata, mata, mapa, capa, rapa, chapa, chata, cara...
Grita, grita...
Sola, con limón. Gracias.

sábado, 3 de septiembre de 2011

¡¡Adéu Mercè, adiós!!

Després de compartir sentiments durant quatre anys, avui ja ens han comunicat que la Mercè, la dinamitzadora del grup de creixement, no tornarà. Ha volat a Dublin a provar sort i una nova vida. I li desitjo, perquè ens ha demostrat a tots els que la coneixem que és una professional d'una excel·lència inqüestionable.
Hoy el columpio se balancea solitario en un suave y armónico vaivén. El recuerdo de una melodía aun fresca en la memoria invade de calidez mi pecho. El eco de tus palabras aun resuena en mi alocado coco.

¿Qué son cuatro años en el devenir de toda una historia? Para muchos probablemente nada. Para mí, que te conozco, es mucho.

Amb tu, que he compartit deserts, mars i muntanyes, he recorregut un dels camins més bonics, únics, irrepetibles. A la vida dono gràcies per donar-me l'oportunitat de tenir una mestra que té tant per ensenyar. I a la vida dono gràcies per haver-me exprimit la teva saviesa tant com he pogut durant tot aquest temps. Ha estat un treball dur en el m'has ensenyat a forjar-me. Et dec tant...

Quizás te marchas lejos, pero sé que el columpio que empezó su movimiento ya no puede detenerse. Sé que la melodía seguirá sonando al compás del eco imperecedero de tus sabias palabras que un día me regalaste.

Sento tristor i alegria al mateix temps. ¡¡Qué encontrados sentimientos!! Per a tu un somriure salat per les llàgrimes...

Fins sempre Mercè.

***

Corro por los pasillos hasta llegar al aula. Siento que el corazón se me sale por la boca y los nervios, además, se apelotonan en mi estómago. Es mi primer día en esta escuela y siento vértigo: la duda del último momento me provoca cierta inseguridad; aquello que ayer veía tan claro, hoy no lo es tanto. Siento vergüenza y no puedo mirar a mis compañeros a los ojos. Me siento extraño en todo este vaivén de sentimientos encontrados.

-Bienvenido, Manolito. Toma asiento que estamos a punto de empezar.
-Sí, sí... eh... ¿aquí?- balbuceo sin levantar la mirada.
-Donde quieras Manolito; eres libre de sentarte donde gustes...

El rezagado del grupo hace su entrada triunfal justo cuando suena la campana de inicio. La profesora coge la tiza y se dispone a escribir algo en la pizarra. Tras reflexionar unos breves segundos garabatea rápidamente sobre el encerado y se gira dibujando una amplia sonrisa en su boca. Señala al tiempo que lee:

-Bienvenidos al primer día de vuestra vida.

lunes, 4 de abril de 2011

La ciudad

Como otro día cualquiera cogí el lápiz y la regla e, inclinando mi cuerpo sobre la mesa, empecé a rasgar líneas sobre el papel de dibujo.
En pocos minutos ya había diseñado una nueva ciudad de blancos y altos edificios, simétricos e idénticos. El sol se colaba por las anchas avenidas con verdes ramblas centrales.
Orgullosa, alcé la lámina y contemplé maravillada la belleza de mi creación. Y así fue como unos breves segundos más tarde saltó de la lámina un habitante, seguido por otro, y otro, y otro, y otro...
La lámina de dibujo cada vez era más pesada, pues a los habitantes que empezaban a saltar y a pasear por las verdes avenidas les siguieron los coches, las motos y los camiones a escala.
El bullicio, el ruido, la multitud empezaron a cobrarse cara mi creación. Llenaron de humo el sol radiante, que se escondió permanentemente tras unas nubes ácidas.
¡Qué decir tiene la tristeza que me embargó saber mi arte tan profanado!
Como entonces en el pasado, volví a descubrir que es mejor jugar con las muñecas de trapo. Ellas nunca cobran vida si no es en una película de ficción.
- ¿Verdad, Shally? -le pregunté a la muñeca que reposaba sobre mi cama al tiempo que rompía en multitud de pedazos la lámina.
- Cierto, ama.

martes, 15 de marzo de 2011

Lluvia

Son las 15:00 horas de un martes lluvioso como otro cualquiera. Me encuentro a punto de entrar en la estación de Renfe de Concepción Arenal, Barcelona.

Disfruto de mi corto trayecto desde casa, respirando el aire embrutecido de la ciudad, al tiempo que observo las personas con las que me cruzo por la calle. Hace un rato que ha dejado de llover y me siento afortunada de poder resguardar mi paraguas dentro de la mochila para una ocasión mejor. Reconozco que soy una ferviente admiradora de los días de sol.
De repente, una niña se cruza en mi camino, al tiempo que se gira para vociferar algo ininteligible a otra persona que se encuentra rezagada. Parece hacerle indicaciones para que se apresure a cruzar el semáforo que le separa de su destino: la escuela Jesús María. La mujer parece forzar un poco más su lento paso, no da más de sí, y siguiendo a su pequeño retoño cruza el semáforo y alcanza la puerta del colegio al tiempo de verse cerrar tras la niña que ya está cruzando el pasillo hacia su clase.
Me invade una profunda tristeza al ver a la supuesta madre delante de la puerta acristalada, envuelta de una vana esperanza por que su hija regrese para darle un beso de despedida o sencillamente se gire para despedirla.

¡Próxima circulación por vía 2 con destino Vilafranca!

sábado, 17 de julio de 2010

Cielo e infierno

Camas vacías envueltas en silencio.
El ascensor baja, se aleja, a marchas trepidantes.
Ecos que aun resuenan en las paredes del ayer.
No tengo frío y sin embargo tiemblo.
¿Qué hemos de hacer?

El camarero tomó nota del pedido. Se le notaba su primer día de trabajo pues los nervios provocaban en el él unos ligeros temblores, un pulso traicionado. Repitió en voz alta lo anotado en un par de ocasiones.
Entre tanto que el camarero dirigía sus pasos hacia la cocina, ella esbozó una ligera sonrisa que inundó las paredes y los manteles blancos. Esa sonrisa que despertaba toda una serie de sentimientos que iban desde el amor más inocente hasta el deseo más ardiente.
- No podía ser de otra forma - dijo risueña.
- Para variar, desde que te conozco hace 7 años, tienes razón. Supongo que algún día dejarás de tenerla... ¿verdad? - no pude evitar poner cara dubitativa por muy seguro que quisiera mostrarme conmigo mismo en mis suposiciones. ¡Qué le voy a hacer! ¡Siete años sin equivocarse una sola vez generan dudas hasta en el más resuelto!

Trozos de porcelana vidriada.
Añicos de un cielo pasado.
Corazones, corazones con su reina.
Ojos que no ven:
¿cuánto tiempo hace que no me miras?

Me inunda la tristeza y la duda más recónditas, y no sé como salir a la orilla.
Ahí fuera el sol brilla y calienta las almas. Y yo sigo aquí condenado desde que ella me abriera los pulmones.
Me ahogo en los silencios de mis lágrimas.
Lo reconozco, soy invisible a unos oídos que no quieren escucharme.

Ahí estaba, firmando aquel papel con una sonrisa que desde el inicio de la ceremonia no se había despegado de su rostro. Estaba tan hermosa de azul... un azul puro jamás manchado, un azul puro.
Cuando la conocí años atrás jamás me habría imaginado que este momento llegara. ¿Quién me iba a decir que ella querría casarse con un zarapastroso de mis características? Ciertamente, aun no entendía qué podía haber visto en mí, cuando todas las personas que se habían cruzado en mi camino habían llegado a la única e inevitable conclusión de que más valía tenerme lejos.

Nubes de papel en un cielo pintado.
Las brochas aun están mojadas.
La ciudad tras los barrotes del balcón guarda silencio sepulcral.
No puedo evitar odiar el mundo...
O sí, pero no quiero...

domingo, 14 de febrero de 2010

Queridos papá y mamá,

- Despacio, despacio... -me repetía incesantemente- No me da tiempo de tomar notas de todo y mañana al despertar lo habré olvidado.

Había tomado más de la cuenta y ahora caminaba equipada con mi desequilibrio particular, la vista vuelta atrás, y un zumbido agudo en la cabeza que por más que intentara sacudirme se me hacía imposible. La vida nocturna tras la sobredosis de alcohol me parece mucho más interesante: sombras y luces juegan en mi mente a un maquiavélico y persuasivo danzar.
Desde aquí todo me resulta posible y al alcance de la mano. Los misterios del universo se me desvelan impacientes por colmarme. Encamino mis pasos a casa, apresurados, ajenos al paso del tiempo. Y quizás antes o quizás después entro por la puerta con las ideas aun más claras:

Queridos papá y mamá,
hace tiempo...

¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Dónde me encuentro? ¿Quién soy?

Un vago recuerdo cruza tímidamente la puerta de mis recuerdos.

- Han pasado muchos años desde que me fui de casa... ciertamente -mis labios caen en una mueca de tristeza y añoranza.

Queridos papá y mamá,
pensé en escribiros hace tiempo pero...

¿Por qué?

(...)
os abrí mi corazón... me herísteis en lo más profundo de mi ser cuando aquella noche
(...)

- No...

(...)
jamás entendí por qué no pudísteis aceptar que
(...)

- No...

(...)
sólo quise compartir con vosotros
(...)

- No...

¿Cuáles son las palabras?

(...)
¿por qué me abandonásteis?
(...)

- Tampoco... -se escurre el bolígrafo de mis dedos ya rígidos- Ha salido el sol y los efectos del alcohol se han evaporado. Soy un miserable...

Un sollozo... y un sueño agitado...

lunes, 25 de enero de 2010

Un rayo

El cielo volvía a estar gris y con la misma tristeza de los días precedentes. Pequeñas gotas de agua caían incesantemente en pequeños grupos, ora aquí ora allá, repiqueteando sobre los charcos formados en la noche anterior. A través del cristal del portalazo de la portería se veían nubes oscuras cubriéndolo todo, apagando la poca la luz que conseguía filtrarse a su través.

-No tengo paraguas- digo mientras coloco la capucha de la chaqueta sobre mi cabeza. Sé a ciencia cierta que no me cubrirá satisfactoriamente pero no tengo mayor alternativa.

Tras bajar la rampita reparo de repente en un detalle que se me había escapado en el anterior cuadro: las nubes dejan un hueco del cielo visible por el cual se filtra el único rayo de luz en esta mañana torpe y fría. De repente el día se me antoja diferente y no puedo evitar sonreír ante el regalo que el cielo me ofrece.

-Así que ahí estás...

lunes, 19 de octubre de 2009

Dentro

Para cuando recobro el conocimiento, ya no se ve luz por ningún lado. En una lejanía que me resulta extraña, escucho el canto de los grillos y el croar de las ranas: es entonces cuando miro hacia arriba. Mis pupilas se adaptan a una oscuridad que se me antoja familiar y cercana. Logro adivinar mucho más arriba de donde estoy, la presencia en el cielo de una luna que parece extender sus brazos tratando de rescatarme de mi prisión. Me pongo en pie y saco el mechero alumbrando lo que parece ser el interior de un pozo. Llevo la mano a la nuca con cuidado y luego extiendo la palma ante mí: sangre. Observo a mi alrededor y siento por vez primera cierto temor: deben ser unos dos metros de diámetro los que conforman la circunferencia del pozo donde he caido y unas marcas en las paredes, hasta ahora en silencio, parecen susurrarme cuando las observo que no soy el primero en caer aquí. No hay insectos, no hay sonidos, nada... todo viene de fuera. Noto en los huesos un frío que me hace tiritar. Se me ocurre pensar que si existe el infierno, no debe diferir mucho de esto. Podría ser peor, podría haberme matado... ¿peor? no estoy seguro.
- ¡Ayuda!-
Por un momento mi voz resuena potente y escucharme tan fuerte me da una esperanza que dura apenas un par de segundos. No puedo evitar sonreír con ironía al pensar que ese grito de ayuda habría servido de mucho en tantas situaciones... Mi espalda resbala contra la pared lisa hasta llegar al suelo. Mis brazos abrazan las rodillas y mis ojos se vuelven hacia la luna. ¿Podemos pedir ayuda pero lo hacemos siempre en el último momento? Si la hubiera pedido cuando todos se preocupaban... cuando todos... Me doy cuenta de que estoy llorando cuando al rascarme la mejilla noto que está húmeda. No se cuando caí, solo recuerdo huir, escapar, correr y entonces... el empujón.
- ¡Socorro!¡Socorrooo!-
Mis ojos se abren de par en par: los gritos vienen de fuera.

jueves, 15 de octubre de 2009

Aquí y ahora



Es cierto. Para cuando te quieres dar cuenta el tiempo ha volado alto y lejos. Por mucho que alargues las manos, por mucho que extiendas los brazos, por mucho que te pongas de puntillas y estires todo tu cuerpo. Por mucho que hagas... el tiempo se ha ido.
Apenas hace dos días suspiraba con una sonrisa en los labios. Hoy camino cabizbaja por la misma calle de cada año. No puedo evitar mirar la punta de mis botas de montaña roídas por aquel tiempo que ya marchó. ¿Dónde quedaron? ¿A dónde se fueron?
La noche respira la tranquilidad usual. Las luces me miran fijamente pero no las veo; pasan desapercibidas en mi mente despistada. ¿Qué piensas? ¿Qué sientes? No puedo evitar responderme alzando los hombros. La lluvia resbala.
El autobús se detiene un centímetro de mi cuerpo más allá. Retrocedo unos pasos y busco a ver qué encuentro. Nada. Silencio. Sé que estás ahí... sé que quieres que me muestre... sé que quieres salir. No puedes... no debes... Silencio. El tiempo ya se fue.
¡Qué pequeños somos en este mundo tan enano! ¿Cómo recuperar un ayer que ya ha pasado? ¿Cómo centrarme en un presente tan cansado? ¿Cómo mirar hacia adelante con los ojos cerrados? Mundos y cabezas fragmentados.

Fragmentación espacial, fragmentación social, fragmentación espiritual, fragmentación fragmentada. Fragmentación rota en mil fragmentos.

El barrendero hace su ruta por las calles desiertas.
La última señora de la noche es tragada por la oscuridad de un callejón vacío.
Los gatos corren a sus refugios con el ron debajo de las patas.
Los lobos maúllan a lo lejos en un tono monótono y reiterativo.

Fragmentación...

En la puerta de casa hacen cola las palabras. Una tras otras esperan que la puerta se abra y poder entrar en el calor del hogar. ¡No! La regadora sirve el agua a las plantas que se abren sedientas de hambre. ¿Cuál es el arte? ¿Por qué todo esto?
¿A mí me lo preguntas? Pregúntaselo al sabio que una vez fue tu vecino. ¿Recuerdas? No sé de quien me hablas. Ni caso... lagunas en medio del desierto. ¿Qué podemos esperar? Ya te lo había advertido. Necesitas tiempo... ¿El que se fue?

Equilibristas en la cuerda floja. Alpinista en el Everest. Buzos en las fosas marítimas. Paso la escobilla del limpiaparabrisas y todos desaparecen: cuerda, Everest y fosas vacías. Coloco las últimas camisetas en el armario. No caben... no caben.

Las notas revolotean en mi nariz. Siento las cosquillas y me sacan de mis sueños. Vuelve el atardecer. ¡Buf! Por un momento pensé que todo era real...

miércoles, 10 de junio de 2009

Lejos del camino

A mi alrededor ya sólo queda silencio. Ni siquiera el eco de un tiempo mejor. Un absurdo y vacío silencio que me entristece y asusta a la vez. Me siento sola, me siento pequeña e insignificante. La mano de nuevo empuja mi espalda, me tira al suelo. Lloro y nadie me ve. Estoy rodeada de gente pero alguien bajó al mínimo el volumen del televisor y no oigo nada. Todo es secreto pues veo bocas que hablan. Soy invisible al mundo, incorpórea como un espíritu. ¿Estaré muerta? Nace una ansiedad en el estómago con forma de pelota de goma. Se me atasca en el cuello y no me deja gritar, no me deja pedir ayuda. Tanto da si nadie me ve ni me oye... ¡¡Qué tristeza!! ¡¡Qué vacío!! Y como duele...
Espero una mano, un hombro, una sonrisa... algo que me despierte de esta pesadilla. Algo que me permita decir "estoy a salvo". Espero acurrucada en mi cobijo, en mi rincón. Allí el silencio es aun mayor ya que ni siquiera el viento habla. Tengo miedo. No me atrevo a levantarme y dar el paso para (re)situarme en el camino. Las piernas me tiemblan, los brazos me tiemblan, la garganta me duele, y el corazón y la cabeza, lo sé, me odian. Intento cantar una canción para apagar ese silencio pero, al contrario, se hace aun más grande.

¿Dónde están todos?

miércoles, 22 de abril de 2009

... y entonces comprendo:

Miro hacia el cielo y caen diminutas e infinitas gotas de agua. Veo como se precipitan sobre mi cara y abro bien los ojos.
Miro detrás de esas gotas, las nubes oscuras que corren en el cielo. Veo como se desplazan raudas hacia ninguna parte.
Me adentro en las nubes y noto el movimiento. El agua rezuma en olores vaporosos.
Miro más allá de esas nubes y observo un rostro que me mira fijamente. Su mirada se clava en la mía y entonces comprendo: no son gotas de agua, no llueve; son lágrimas que caen de mis ojos. Estoy llorando.

jueves, 2 de abril de 2009

¿Dónde está el error?

Empiezas a cenar y ves la mesa repleta de abundancia en lo que tímidamente coges un bocado, lo saboreas y quieres más. Coges otro, lentamente, disfrutando de cada minuto y te convences que eres feliz en esa silla, delante de toda esa comida.
Alargas el brazo para saborear aquel plato más apartado y te tiembla el pulso de tan solo pensar que puedes temblar y echar el bocado a perder. Finalmente, la delicia llega a tu boca en aguas por lo que ahora estás mucho más convencido de que te esperan minutos de gloria, quizás horas, quizás días... el final se ve lejos y es casi imperceptible.
Siguen el cuarto y quinto bocados, y el sexto y el séptimo... Empiezas a perder la cuenta cuando percibes que propiamente estás comiendo para lo que sería un puritano de la Real Academia. No puedes dejar de sonreír en todo tu esplendor pues todo está delicioso, todo está al alcance y es factible llenándote de paz y de felicidad.
Sigues comiendo y de repente aprecias que la rutina se ha instalado. Haces por desprenderte de ella cambiando el ritmo de los bocados, el orden de estos mismos. Picoteas aquí, picoteas allá. Y vuelves a sentirte bien.

Confías que la cena va a durar para siempre... pero de repente suena el teléfono. Una voz al otro lado te recuerda que todo es un sueño, que la realidad es dura, difícil, y que vuelves a estar en aquel agujero del que tanto te costó salir.
Empiezas a recordar con cierta reticencia los últimos hechos. No te dio la oportunidad. Perdió la confianza en ti. Te despreció. Te ignoró. Y finalmente, te abandonó. Sientes un dolor agudo en el pecho, y el vacío en el estómago. Sabes que estás a punto de colapsarte, de volver a la ansiedad. Recuerdas a gritos al mundo que tú no pediste venir.

¿Dónde está el error?

miércoles, 31 de enero de 2007

¿Dónde quedaron los que se fueron?

Es posible que mañana me pregunte del porqué fui tan cobarde, pero hoy no tengo fuerzas para luchar contra mis malos pensamientos. Hoy dudo de ti, de mi y de nosotros. Me convenzo de que es difícil olvidar todo un pasado y no veo nítido el futuro. ¿Crees que los sueños alguna vez se podrán convertir en realidad? Estoy cansada de esperar; me niego a esperar.Hoy he vuelto a sentirme la ridícula niña ilusionada con nada y mi castillo se ha vuelto a esfumar en mis manos. Hoy sólo pienso en estar triste, y quiero correr a esconderme a algún rincón donde no exista el recuerdo, para olvidarme de los días que me has dado y que ya no van a volver. Hoy me doy cuenta de nuevo que no existen los caballeros que salvan a las princesas. El pasado me arrastra de nuevo a la oscuridad donde los rayos de sol no pueden dar calor. Vuelve la soledad...¿Dónde quedaron los que se fueron?

martes, 27 de diciembre de 2005

Adiós a la Navidad


Ya ha pasado otra Navidad, cuando aún el regusto amargo de la anterior no había acabado de desaparecer de mi paladar, cuando hace aún escasos tres días me llevaba las manos a la cabeza sorprendida por la implacable velocidad del tiempo. Me pregunto a quién intentará pillar… El caso es que ya estamos en unas nuevas Navidades.
Recuerdo que las Navidades de antaño, aunque no me llenaban de espiritualidad -ni en el más puro sentido espiritual ni en ese nuevo espíritu consumista de moda- sí hacía crecer un sentimiento de felicidad que nunca sabía bien bien de dónde o qué procedía. Quizás de las luces que adornaban la ciudad de Barcelona, quizás del frío que sonrojaba mis mejillas… Pero pasado el tiempo, y perdida la vergüenza del todo, ni se me sonrojan las mejillas ni me ilusionan las luces de Navidad, cada vez más escasas en esta gran urbe.
Visto así, estas Navidades se tendrían que presentar cubiertas de un halo tristuzco; no obstante, más bien un sentimiento de apatía absoluta por las fechas se apodera de mi ser, a pesar de mis esfuerzos por evitar tal ¿calamidad?
Es una realidad –otra más en esta colección de realidades- que la Navidad se está convirtiendo en unas simples vacaciones a nuestros ojos. ¿Por qué no rendirme a ese sentimiento y dejarme arrastrar de una vez por la masa? ¿Qué me impulsa a seguir escribiendo Navidad con mayúscula (¿acaso escribo Vacaciones o Fin de Semana?)?

-Quizás tenga algo que ver con la nueva espiritualidad que poco a poco va creciendo en nuestro pequeño mundo agotado… Los caminos convergen, de nuevo…- dice mi pensamiento.