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domingo, 14 de febrero de 2010

Queridos papá y mamá,

- Despacio, despacio... -me repetía incesantemente- No me da tiempo de tomar notas de todo y mañana al despertar lo habré olvidado.

Había tomado más de la cuenta y ahora caminaba equipada con mi desequilibrio particular, la vista vuelta atrás, y un zumbido agudo en la cabeza que por más que intentara sacudirme se me hacía imposible. La vida nocturna tras la sobredosis de alcohol me parece mucho más interesante: sombras y luces juegan en mi mente a un maquiavélico y persuasivo danzar.
Desde aquí todo me resulta posible y al alcance de la mano. Los misterios del universo se me desvelan impacientes por colmarme. Encamino mis pasos a casa, apresurados, ajenos al paso del tiempo. Y quizás antes o quizás después entro por la puerta con las ideas aun más claras:

Queridos papá y mamá,
hace tiempo...

¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Dónde me encuentro? ¿Quién soy?

Un vago recuerdo cruza tímidamente la puerta de mis recuerdos.

- Han pasado muchos años desde que me fui de casa... ciertamente -mis labios caen en una mueca de tristeza y añoranza.

Queridos papá y mamá,
pensé en escribiros hace tiempo pero...

¿Por qué?

(...)
os abrí mi corazón... me herísteis en lo más profundo de mi ser cuando aquella noche
(...)

- No...

(...)
jamás entendí por qué no pudísteis aceptar que
(...)

- No...

(...)
sólo quise compartir con vosotros
(...)

- No...

¿Cuáles son las palabras?

(...)
¿por qué me abandonásteis?
(...)

- Tampoco... -se escurre el bolígrafo de mis dedos ya rígidos- Ha salido el sol y los efectos del alcohol se han evaporado. Soy un miserable...

Un sollozo... y un sueño agitado...

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