
Remuevo el último de los cajones que me queda por ordenar. Hacía mucho que debía haber hecho esto, pero siempre he retrasado este momento lo máximo que he podido. ¿Que por qué? De cara a la galería la respuesta es: "por vagancia". Pero la realidad es bien distinta. Con cada papel tirado a la basura, con el remoto recuerdo de cada ticket: de compra, de restaurante, billetes de avión, aquel lejano y prácticamente obsoleto "walkman"... Mucha gente sólo vería basura pero yo veo mucho más. Hay dagas, espadas, pistolas, caricias, besos, lágrimas... pero sobretodo: muchas sonrisas.
Todo va bastante bien hasta que un papel cae en mis manos. Apenas visible por el paso del tiempo se adivinan más que leerse, palabras aparentemente inconexas. Nunca he tenido buena memoria, así que de primeras el papel no me suena. Aparto todo a un lado y me centro en el papel. Lo dejo ante mi y enciendo la luz del escritorio... el color del papel comienza a sonarme.
- Asa, ama... no... ¡Ana!-
¿Ana? que ana. ¡Sí! ya recuerdo, fue aquella noche.
- 685...-
Su teléfono y algo más.
- Had, has... proferido, no ¡prometido!... llamar- ¿He prometido llamar? ¿Prometí llamar? no lo recuerdo. ¿Pero cuanto hace? ¿6,7,8 años? ¿Que habrá sido de ella? ¿Dónde estará?.- Cojo el móvil y comienzo a frotarme la barbilla con él. -Es demasiado tarde, no vivirá en la ciudad, estará con alguien o incluso quizá se habrá casado. -
Los minutos que pasan parecen regocijarse de mi, recreándose con crueldad en cada segundo. Desbloqueo el móvil y comienzo a marcar hasta que paro.
- Es demasiado tarde.- Me repito resignado lanzando el móvil sobre la cama .
No muy lejos de allí, Ana derrama quizás su última lágrima. Cansada de llorar y sufrir ha decidido poner fin de una vez a todo el dolor. Agachada en un rincón de la cocina, contempla su mano llena de cápsulas.
- Dicen que es doloroso- sonríe con ironía con los ojos rojos de tanto llorar- Más doloroso es todo esto.-
Abre la boca y la llena de todas las pastillas de las que es capaz. Coge el vaso de agua y se dispone entornando los párpados a beber su último trago. Sus ojos se abren de par en par y escupe en su mano todo lo que tiene en la boca.
- Olvidé apagar el móvil...- dice resignada contemplando el número desconocido que aparece en pantalla. Su dedo pulgar baila del colgar al descolgar en una danza burlona. Hasta que finalmente descuelga.
- ¿Sí? -
- Quizás es tarde, pero te prometí que te llamaría...no se si me recordarás...-
- Te recuerdo -
La charla se alarga y transcurrida una hora, un puñado de pastillas caen al suelo rebotando, hoy derrotadas, unas contra otras.
Todo va bastante bien hasta que un papel cae en mis manos. Apenas visible por el paso del tiempo se adivinan más que leerse, palabras aparentemente inconexas. Nunca he tenido buena memoria, así que de primeras el papel no me suena. Aparto todo a un lado y me centro en el papel. Lo dejo ante mi y enciendo la luz del escritorio... el color del papel comienza a sonarme.
- Asa, ama... no... ¡Ana!-
¿Ana? que ana. ¡Sí! ya recuerdo, fue aquella noche.
- 685...-
Su teléfono y algo más.
- Had, has... proferido, no ¡prometido!... llamar- ¿He prometido llamar? ¿Prometí llamar? no lo recuerdo. ¿Pero cuanto hace? ¿6,7,8 años? ¿Que habrá sido de ella? ¿Dónde estará?.- Cojo el móvil y comienzo a frotarme la barbilla con él. -Es demasiado tarde, no vivirá en la ciudad, estará con alguien o incluso quizá se habrá casado. -
Los minutos que pasan parecen regocijarse de mi, recreándose con crueldad en cada segundo. Desbloqueo el móvil y comienzo a marcar hasta que paro.
- Es demasiado tarde.- Me repito resignado lanzando el móvil sobre la cama .
No muy lejos de allí, Ana derrama quizás su última lágrima. Cansada de llorar y sufrir ha decidido poner fin de una vez a todo el dolor. Agachada en un rincón de la cocina, contempla su mano llena de cápsulas.
- Dicen que es doloroso- sonríe con ironía con los ojos rojos de tanto llorar- Más doloroso es todo esto.-
Abre la boca y la llena de todas las pastillas de las que es capaz. Coge el vaso de agua y se dispone entornando los párpados a beber su último trago. Sus ojos se abren de par en par y escupe en su mano todo lo que tiene en la boca.
- Olvidé apagar el móvil...- dice resignada contemplando el número desconocido que aparece en pantalla. Su dedo pulgar baila del colgar al descolgar en una danza burlona. Hasta que finalmente descuelga.
- ¿Sí? -
- Quizás es tarde, pero te prometí que te llamaría...no se si me recordarás...-
- Te recuerdo -
La charla se alarga y transcurrida una hora, un puñado de pastillas caen al suelo rebotando, hoy derrotadas, unas contra otras.
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