- Primero camino, luego corro y luego...- silencio.
- ¿Luego qué?-
- Luego despierto... nunca llego ni tan solo a tocarla.-
- ¿La puerta?-
- Sí- David exhaló un suspiro mientras miraba al techo tumbado en la cama junto a su esposa - Nunca he logrado llegar ni siquiera a tocarla.-
- ¿Por qué quieres abrirla cariño? Hay puertas que es mejor mantener cerradas.- María acarició el pecho de marido.
- Es que... una vez logré escuchar algo ¿sabes? -
- ¿El qué cariño? ¿Qué escuchaste?-
Una leve sonrisa asomó a los labios de David al recordar y se volvió para mirar a Maria, para así poder ver su reacción ante lo que iba a escuchar.
- ¿De verdad quieres saberlo?- ella asintió regalándole una de aquellas sonrisas capaces de apagar la vela de la tristeza de un soplo- Escuché... el tiempo -
- ¿Escuchaste un reloj? ¿El tictac de un reloj?-
- No, escuché EL TIEMPO-
- ¿El tiempo?-
- Sí-
- ¿Que sonido es ese?-
- No sé explicarlo - una lágrima rodaba por su mejilla al tiempo que una sonrisa se dibujaba en su cara- Pero era algo... algo que quiero descubrir de dónde proviene-
María, con un movimiento rápido, se tumbó sobre él y le besó en los labios. A continuación, palabras, besos y caricias llevaron a la máxima expresión física del amor. Más tarde, la luz se apagó.
"David caminó y corrió más que nunca al ver de nuevo la puerta. Era consciente de las veces que había tratado de alcanzarla y de sus incontables fracasos. El sonido ya típico penetró en su cabeza recordándole que sería imposible definirlo con palabras de su mundo. Era algo tan incomprensible... y tan alentador... Asió el pomo y empujó la puerta sintiendo como una descarga de emociones recorría su ser para luego salir de él y volver a su origen... y tras la puerta..."
Sus ojos se abrieron, despacio. Alargó el brazo buscando un interruptor que, como siempre, ya no estaba. Una pesadez predominaba en su cuerpo y no tardó mucho en darse cuenta de que tosía de forma ininterrumpida. Palpó al otro lado y el corazón se le encogió al comprobar que María no estaba... otra vez. Hacía ya, ¿semanas? ¿años? que cada día se repetía la misma secuencia.
-¿Está usted bien señor David?- La luz se encendió.
La enfermera irrumpió en la estancia con la misma pregunta de siempre. A la que él daría idéntica respuesta que la última vez.
- Sí, estoy bien, muchas gracias - dijo tomando el medicamento que la enfermera le traía y sorbiendo un corto trago de agua.
- ¿De nuevo el sueño?- preguntó ella secando su barbilla con una toalla.
- El mismo de siempre.- respondió él sin poder evitar echarse a llorar.
Ella le abrazó como tantas veces y esperó hasta que David se hubiera desahogado.
- ¿No logra volver al otro lado de la puerta, cerrarla y alejarse? - Inquirió ella con una sonrisa comprensiva.
Él puso sus manos entre las suyas.
- Ahora ni siquiera se dónde está... ni siquiera sé dónde está... María tenía razón-
- ¿Que decía su esposa?-
- Maria decía- miró al techo y sonrió al recordar lo que podía ser ayer o hacía años- que "hay puertas que es mejor mantener cerradas"-
Ella se dispuso a irse besando su frente pero él la atajó.
-¿Cómo llegué aquí?- preguntó aún sabiendo la respuesta, aún repitiendo la misma escena cada día, cada día, cada día...
- No lo sé- respondió ella - soy...-
- Nueva.- acabó él la frase - Buenas noches Natalia -
- Buenas noches David, dulces sueños -
- ¿Luego qué?-
- Luego despierto... nunca llego ni tan solo a tocarla.-
- ¿La puerta?-
- Sí- David exhaló un suspiro mientras miraba al techo tumbado en la cama junto a su esposa - Nunca he logrado llegar ni siquiera a tocarla.-
- ¿Por qué quieres abrirla cariño? Hay puertas que es mejor mantener cerradas.- María acarició el pecho de marido.
- Es que... una vez logré escuchar algo ¿sabes? -
- ¿El qué cariño? ¿Qué escuchaste?-
Una leve sonrisa asomó a los labios de David al recordar y se volvió para mirar a Maria, para así poder ver su reacción ante lo que iba a escuchar.
- ¿De verdad quieres saberlo?- ella asintió regalándole una de aquellas sonrisas capaces de apagar la vela de la tristeza de un soplo- Escuché... el tiempo -
- ¿Escuchaste un reloj? ¿El tictac de un reloj?-
- No, escuché EL TIEMPO-
- ¿El tiempo?-
- Sí-
- ¿Que sonido es ese?-
- No sé explicarlo - una lágrima rodaba por su mejilla al tiempo que una sonrisa se dibujaba en su cara- Pero era algo... algo que quiero descubrir de dónde proviene-
María, con un movimiento rápido, se tumbó sobre él y le besó en los labios. A continuación, palabras, besos y caricias llevaron a la máxima expresión física del amor. Más tarde, la luz se apagó.
"David caminó y corrió más que nunca al ver de nuevo la puerta. Era consciente de las veces que había tratado de alcanzarla y de sus incontables fracasos. El sonido ya típico penetró en su cabeza recordándole que sería imposible definirlo con palabras de su mundo. Era algo tan incomprensible... y tan alentador... Asió el pomo y empujó la puerta sintiendo como una descarga de emociones recorría su ser para luego salir de él y volver a su origen... y tras la puerta..."
Sus ojos se abrieron, despacio. Alargó el brazo buscando un interruptor que, como siempre, ya no estaba. Una pesadez predominaba en su cuerpo y no tardó mucho en darse cuenta de que tosía de forma ininterrumpida. Palpó al otro lado y el corazón se le encogió al comprobar que María no estaba... otra vez. Hacía ya, ¿semanas? ¿años? que cada día se repetía la misma secuencia.
-¿Está usted bien señor David?- La luz se encendió.
La enfermera irrumpió en la estancia con la misma pregunta de siempre. A la que él daría idéntica respuesta que la última vez.
- Sí, estoy bien, muchas gracias - dijo tomando el medicamento que la enfermera le traía y sorbiendo un corto trago de agua.
- ¿De nuevo el sueño?- preguntó ella secando su barbilla con una toalla.
- El mismo de siempre.- respondió él sin poder evitar echarse a llorar.
Ella le abrazó como tantas veces y esperó hasta que David se hubiera desahogado.
- ¿No logra volver al otro lado de la puerta, cerrarla y alejarse? - Inquirió ella con una sonrisa comprensiva.
Él puso sus manos entre las suyas.
- Ahora ni siquiera se dónde está... ni siquiera sé dónde está... María tenía razón-
- ¿Que decía su esposa?-
- Maria decía- miró al techo y sonrió al recordar lo que podía ser ayer o hacía años- que "hay puertas que es mejor mantener cerradas"-
Ella se dispuso a irse besando su frente pero él la atajó.
-¿Cómo llegué aquí?- preguntó aún sabiendo la respuesta, aún repitiendo la misma escena cada día, cada día, cada día...
- No lo sé- respondió ella - soy...-
- Nueva.- acabó él la frase - Buenas noches Natalia -
- Buenas noches David, dulces sueños -
No todas las puertas son dignas de ser abiertas...
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