Nunca supe como pasó.
Tan sólo aparecí.
Mi vida consistió en… vivir.
Nunca me faltó que comer.
Nunca tuve frío ni calor.
Nunca tuve nada que hacer.
Mi existencia transcurría sin más preocupación que…
Mi existencia trascurría sin ninguna preocupación.
La placidez inundaba cada instante de mi ser.
La calma era total.
Sin miedos.
Sin frustraciones.
Sin caos.
Todo era perfecto.
Demasiado perfecto…
¿Cómo existía?
¿Por qué existía?
¿Quién ha hecho posible que esté aquí…sea donde sea…?
¿Mi existencia es un sin sentido? O ¿tiene sentido y la estoy desaprovechando?
Preguntas que se arremolinaban en mi mente una y otra vez…
Sin respuestas…
Sin respuestas…
Abandonarme a la pereza y la desidia…
Sin objetivos…
Sin razones…
Sin emociones…
Sin…
Las consecuencias de mis actos apáticos estaban por llegar…
Todo estaba conectado…
La deuda debía ser saldada.
Inesperadamente una luz cegadora me perturbó.
Mi sustento empezó a desaparecer.
No podía respirar.
No podía gritar.
Segundos que duran horas…
Dolor en mi cabeza…
Un estrecho túnel se abrió ante mi y me engulló hacía sus adentros.
El infierno me reclamaba.
Traté de agarrarme a algo. Traté de expiar mi culpa.
Nada sirvió…
Y me tragó…
En un instante sentí los golpes…
Sentí el dolor…
Sentí la tensión…
Sentí los gritos…
Sentí el calor…
Sentí las lágrimas…
El infierno estaba al revés…y yo era diminuto.
¡Vaya! Tenía razón…
El infierno…
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viernes, 13 de agosto de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
Diario de un Mago
Diario de un Mago. 22-4
Pondré hechos importantes que vayan sucediendo.
Si algún día alguien encontrara este diario, espero haga un uso adecuado.
Aquí en mi recóndito escondite donde casi nadie llega jamás, reflexiono sobre unas visitas que se repiten a menudo últimamente.
Viene a visitarme cada día a la misma hora: las 5.17. Elige casi siempre esta hora intempestiva aunque a veces, su presencia llega a horas muy dispares. Su abrazo me hace sentir vivo, pero sus repetidas “autoinvitaciones”, he de decir que comienzan a sobrepasarme. No, no es que no la quiera pues la amo ya que, sin ella, no habría conocido tantas cosas, no habría aprendido nada… Sus argumentos siempre son muy difíciles de rebatir y cuando encuentro algo de peso con que defender mi postura, suele sorprenderme con algo tan simple como demoledor. Sus brazos son alargados y cuando me envuelve casi puedo por mucho ruido que me rodee, oír como algo en mi alma se rompe. Ella acapara toda mi atención y nada más parece tener el peso que mi cabeza me grita que tiene. Todas las demás quedan a un lado cuando se presenta por sorpresa y toda su magnitud me hace empequeñecer de tal modo que cualquier cosa queda injustamente absorbida, cualquier hecho pasa cruelmente a un segundo plano por magnífico que sea o haya sido… y solo queda en mi ese eco de cristales rotos que indica que algo se ha roto en mi alma. Es omnipresente, se hace llamar Tristeza.
No parece haber hechizo que pueda con ella.
Mis últimos experimentos sólo han conseguido menguarla momentáneamente.
Sigo trabajando con ahínco en una poción que pueda funcionar.
Pondré hechos importantes que vayan sucediendo.
Si algún día alguien encontrara este diario, espero haga un uso adecuado.
Aquí en mi recóndito escondite donde casi nadie llega jamás, reflexiono sobre unas visitas que se repiten a menudo últimamente.
Viene a visitarme cada día a la misma hora: las 5.17. Elige casi siempre esta hora intempestiva aunque a veces, su presencia llega a horas muy dispares. Su abrazo me hace sentir vivo, pero sus repetidas “autoinvitaciones”, he de decir que comienzan a sobrepasarme. No, no es que no la quiera pues la amo ya que, sin ella, no habría conocido tantas cosas, no habría aprendido nada… Sus argumentos siempre son muy difíciles de rebatir y cuando encuentro algo de peso con que defender mi postura, suele sorprenderme con algo tan simple como demoledor. Sus brazos son alargados y cuando me envuelve casi puedo por mucho ruido que me rodee, oír como algo en mi alma se rompe. Ella acapara toda mi atención y nada más parece tener el peso que mi cabeza me grita que tiene. Todas las demás quedan a un lado cuando se presenta por sorpresa y toda su magnitud me hace empequeñecer de tal modo que cualquier cosa queda injustamente absorbida, cualquier hecho pasa cruelmente a un segundo plano por magnífico que sea o haya sido… y solo queda en mi ese eco de cristales rotos que indica que algo se ha roto en mi alma. Es omnipresente, se hace llamar Tristeza.
No parece haber hechizo que pueda con ella.
Mis últimos experimentos sólo han conseguido menguarla momentáneamente.
Sigo trabajando con ahínco en una poción que pueda funcionar.
viernes, 16 de abril de 2010
Mensaje en una botella
Buenos días, tardes, noches... a quien lo esté leyendo debo decirte que es posible que este mensaje no sea para ti, pero no deberías parar de leerlo porque es posible que sí lo sea.
Soy un naufrago, aunque no uno de esos. Veo llegar las olas: algunas altas, otras bajas, unas fuertes, otras suaves... a veces las evito, es lo mejor que puedo hacer... otras las saboreo y dejo que me envuelvan en su mágica espuma.
Naufragué hace... no recuerdo cuando pero eso, para ti querido amigo/a, no es relevante. Podría haber sido ayer o hace veinte años y la sensación, difícil de creer quizás, sería la misma.
Oteo el horizonte cada día esperando a veces que alguien llegue, otras que no llegue nadie. No creas que estoy solo, aunque a veces lo esté o lo sienta.
Me gusta sentarme a la orilla del mar y disfrutar de la sensación de sentirme muy pequeño. Parece que todos los problemas y demás empequeñecen ante la magnitud del mar. El mar. A veces trae magia para luego arrebatártela con una ola inmensa. Otras veces trae pesadillas que también acaba llevándose. Muchas cosas deja donde me encuentro, debo decir para ser justo, y me gustaría saber disfrutar más de todo lo que llega pero a veces no se hacerlo y es entonces cuando la marea suele arrebatarme algo y es entonces cuando me doy cuenta de que debí haberlo cuidado más... y me siento en la orilla observando el horizonte cada día, cada día, con la esperanza de que el mar me de una nueva oportunidad y me traiga de vuelta cosas que perdí... y me siento en la orilla con la esperanza de saber cuidar como se merece lo que un día me trajeron las olas... y me siento en la orilla tratando de aprender a disfrutar... y me siento en la orilla con miedo a que lo que llegue sea un barco que me saque de aquí.
A ti que no se quien eres pero que ya formas parte de mi vida o que, ¿quien sabe?, quizás ya me conoces... a ti mi buen amigo/a, gracias por leerme y comprender.
Viernes 16 de abril de 2010.
Soy un naufrago, aunque no uno de esos. Veo llegar las olas: algunas altas, otras bajas, unas fuertes, otras suaves... a veces las evito, es lo mejor que puedo hacer... otras las saboreo y dejo que me envuelvan en su mágica espuma.
Naufragué hace... no recuerdo cuando pero eso, para ti querido amigo/a, no es relevante. Podría haber sido ayer o hace veinte años y la sensación, difícil de creer quizás, sería la misma.
Oteo el horizonte cada día esperando a veces que alguien llegue, otras que no llegue nadie. No creas que estoy solo, aunque a veces lo esté o lo sienta.
Me gusta sentarme a la orilla del mar y disfrutar de la sensación de sentirme muy pequeño. Parece que todos los problemas y demás empequeñecen ante la magnitud del mar. El mar. A veces trae magia para luego arrebatártela con una ola inmensa. Otras veces trae pesadillas que también acaba llevándose. Muchas cosas deja donde me encuentro, debo decir para ser justo, y me gustaría saber disfrutar más de todo lo que llega pero a veces no se hacerlo y es entonces cuando la marea suele arrebatarme algo y es entonces cuando me doy cuenta de que debí haberlo cuidado más... y me siento en la orilla observando el horizonte cada día, cada día, con la esperanza de que el mar me de una nueva oportunidad y me traiga de vuelta cosas que perdí... y me siento en la orilla con la esperanza de saber cuidar como se merece lo que un día me trajeron las olas... y me siento en la orilla tratando de aprender a disfrutar... y me siento en la orilla con miedo a que lo que llegue sea un barco que me saque de aquí.
A ti que no se quien eres pero que ya formas parte de mi vida o que, ¿quien sabe?, quizás ya me conoces... a ti mi buen amigo/a, gracias por leerme y comprender.
Viernes 16 de abril de 2010.
martes, 6 de abril de 2010
Unas horas en la vida de alguien
- Espera, espera un poco -
Pero ya es inútil. La vida tal cual la he concebido hasta el día de hoy, está a punto de pasar a la historia. Una historia de esas a las que la gente no le da la menor importancia, es decir, tú pregunta por la calle sobre la historia de "Pepe". Lo primero que pasará es que te observarán con ojos escrutadores buscando en tu cara algún indicio de fiebre o locura transitoria, lo segundo, te preguntarán que quien coño es Pepe. Es normal, nadie tienen ni pajolera idea de quien soy, sin embargo no deja de ser curioso que la pregunta sea "¿quien es Pepe?" y no algo como "¿que le ha pasado?"..... si respondes algo como "es el hijo de la frutera" ... entonces parece que ya es alguien más cercano y por ende, su paso por la vida ya es algo que empieza a interesar... pero en fin, no quiero liarme. Yo soy Pepe.
La veo alejarse y me pregunto cuantas cosas se van con ella... cuando las respuestas empiezan a hacer cola en mi cabeza y prácticamente escucho el sonido de la máquina dispensadora de números otorgando tanda a cada una de ellas, decido tirar al alza y pensar que más de la mitad de mi vida se está marchando. Sé que se marchan muchas cosas porque antes notaba dentro de mí un "lleno" que ahora dista mucho de estarlo.
Ya en casa sigo preguntándome si se va algo más que no he contemplado. Doy vueltas y vueltas pasillo arriba y abajo buscando algo desconocido que de pronto me urge encontrar. No sé que es, no tengo ni idea, pero sé que es realmente importante que encuentre lo que busco. Los nervios comienzan a devorarme como pirañas, la tristeza me abraza estrangulándome entre sus suaves dedos...
- ¿Donde está?-
Casi suplico, pero es que ni tan solo se dónde buscar porque no sé lo que busco. ¿Has tenido alguna vez esa sensación?
Corro hacia el baño y me lavo la cara repetidas veces tratando de recuperar un control que se lleva el viento. Alzo la cabeza y mi corazón se relaja en una pausa tensa. Ante mi, el espejo me habla de un dolor al que creí no sabría nunca poner una imagen. Miro a los ojos de mi "yo" y espero dándome cuenta de algo que me aterra y me tranquiliza. Estoy aquí pero por los pelos, esta vez con ella, casi se van dos cosas: ella y yo.
El teléfono suena y la charla se alargará durante horas: ¿A ella le ha pasado lo mismo? ¿Es posible unirse tanto a alguien, a determinadas personas que luego todos somos lo mismo? ¿Un yo de grupo donde algo, el alma, el amor mutuo se entremezcla de manera que todos estamos entrelazados desde que sentimos ese amor por otra persona: amig@, amante, familia...?
Cuando cuelgo el teléfono todo está solucionado y no recuerdo lo que buscaba hace un rato... aunque ahora ya no me urge, no recuerdo si lo encontré... en fin. Buenas noches.
Pero ya es inútil. La vida tal cual la he concebido hasta el día de hoy, está a punto de pasar a la historia. Una historia de esas a las que la gente no le da la menor importancia, es decir, tú pregunta por la calle sobre la historia de "Pepe". Lo primero que pasará es que te observarán con ojos escrutadores buscando en tu cara algún indicio de fiebre o locura transitoria, lo segundo, te preguntarán que quien coño es Pepe. Es normal, nadie tienen ni pajolera idea de quien soy, sin embargo no deja de ser curioso que la pregunta sea "¿quien es Pepe?" y no algo como "¿que le ha pasado?"..... si respondes algo como "es el hijo de la frutera" ... entonces parece que ya es alguien más cercano y por ende, su paso por la vida ya es algo que empieza a interesar... pero en fin, no quiero liarme. Yo soy Pepe.
La veo alejarse y me pregunto cuantas cosas se van con ella... cuando las respuestas empiezan a hacer cola en mi cabeza y prácticamente escucho el sonido de la máquina dispensadora de números otorgando tanda a cada una de ellas, decido tirar al alza y pensar que más de la mitad de mi vida se está marchando. Sé que se marchan muchas cosas porque antes notaba dentro de mí un "lleno" que ahora dista mucho de estarlo.
Ya en casa sigo preguntándome si se va algo más que no he contemplado. Doy vueltas y vueltas pasillo arriba y abajo buscando algo desconocido que de pronto me urge encontrar. No sé que es, no tengo ni idea, pero sé que es realmente importante que encuentre lo que busco. Los nervios comienzan a devorarme como pirañas, la tristeza me abraza estrangulándome entre sus suaves dedos...
- ¿Donde está?-
Casi suplico, pero es que ni tan solo se dónde buscar porque no sé lo que busco. ¿Has tenido alguna vez esa sensación?
Corro hacia el baño y me lavo la cara repetidas veces tratando de recuperar un control que se lleva el viento. Alzo la cabeza y mi corazón se relaja en una pausa tensa. Ante mi, el espejo me habla de un dolor al que creí no sabría nunca poner una imagen. Miro a los ojos de mi "yo" y espero dándome cuenta de algo que me aterra y me tranquiliza. Estoy aquí pero por los pelos, esta vez con ella, casi se van dos cosas: ella y yo.
El teléfono suena y la charla se alargará durante horas: ¿A ella le ha pasado lo mismo? ¿Es posible unirse tanto a alguien, a determinadas personas que luego todos somos lo mismo? ¿Un yo de grupo donde algo, el alma, el amor mutuo se entremezcla de manera que todos estamos entrelazados desde que sentimos ese amor por otra persona: amig@, amante, familia...?
Cuando cuelgo el teléfono todo está solucionado y no recuerdo lo que buscaba hace un rato... aunque ahora ya no me urge, no recuerdo si lo encontré... en fin. Buenas noches.
miércoles, 24 de febrero de 2010
La carta
Cuenta la historia que en lo más recóndito de un lugar completamente inaccesible, en las más lejanas alturas, en medio de un frío insoportable... vive un hombre. Un hombre viejo, tan viejo que observó como se extinguían los dinosaurios, contempló curioso como descubríamos el fuego, vio como se construían las pirámides, como... un hombre tan anciano que venció al tiempo y al espacio. Puede estar aquí y allí a la vez y puede vivir hoy y mañana al mismo tiempo. Pero esto, aunque curioso e insólito, no es lo que nos atañe y es que, cuentan las lenguas curiosas y sabias, ya que sin lo primero es casi imposible tener lo segundo, que quien haga llegarle un deseo, quien consiga transmitirle algo, lo que sea, le será concedido...
Puede estar en cualquier lugar, en cualquier año... pero este anciano solo puede comunicarse con alguien, bajo el techo que le cobija. Hoy, como cada día, sale de su cabaña limpia y ordenada, a imaginar el camino que lleva a él. Digo imaginar porque jamás ha existido un camino como tal. Pero a él le gusta ver en su mente como la gente se amontona, sonríe y corre dejando un rastro en la nieve que durará por siempre. Pero, dejadme ver, hoy sonríe y lleva algo en las manos, parece, parece... ¡una carta!.
- ¿Quien?- pregunta al viento mientras relee.
- ¿Quien?- repite esperando una respuesta que no llega.
Le gusta hablar sólo. Hace tanto que no puede hacerlo con alguien, que ha aprendido a escucharse y a pensar en voz alta.
- Hace unos días esto se coló por debajo de mi puerta.- Murmura con una sonrisa- Pero... ¿quien?- la respuesta no llega, él lo sabe, pero le gusta escucharse ya que la pregunta significa que alguien ha llegado hasta él y que ese alguien podría volver.
Niega con la cabeza con una enorme sonrisa y, este hombre que ha visto todo lo que se puede ver, sujeta el papel como el más preciado de los tesoros. Da media vuelta y abre la puerta que le lleva al interior de su humilde morada.
- Lo que me pide está hecho. Está hecho hoy, ayer, mañana... está hecho.- Se frota la barba y guarda el preciado papel en una pulcra y bonita cajita de madera. Antes de cerrarla lee en voz alta sin poder evitar que una lágrima recorra veloz su mejilla.
- "Que siempre haya ESPERANZA"- seca con las yemas de los dedos sus ojos llorosos- Como dije antes: Hoy, ayer y mañana, por siempre-
Dejemos al anciano descansar tranquilo fumando una pipa sentado en su sofá. Volveremos a verle pronto, a ver que tal le va.
Puede estar en cualquier lugar, en cualquier año... pero este anciano solo puede comunicarse con alguien, bajo el techo que le cobija. Hoy, como cada día, sale de su cabaña limpia y ordenada, a imaginar el camino que lleva a él. Digo imaginar porque jamás ha existido un camino como tal. Pero a él le gusta ver en su mente como la gente se amontona, sonríe y corre dejando un rastro en la nieve que durará por siempre. Pero, dejadme ver, hoy sonríe y lleva algo en las manos, parece, parece... ¡una carta!.
- ¿Quien?- pregunta al viento mientras relee.
- ¿Quien?- repite esperando una respuesta que no llega.
Le gusta hablar sólo. Hace tanto que no puede hacerlo con alguien, que ha aprendido a escucharse y a pensar en voz alta.
- Hace unos días esto se coló por debajo de mi puerta.- Murmura con una sonrisa- Pero... ¿quien?- la respuesta no llega, él lo sabe, pero le gusta escucharse ya que la pregunta significa que alguien ha llegado hasta él y que ese alguien podría volver.
Niega con la cabeza con una enorme sonrisa y, este hombre que ha visto todo lo que se puede ver, sujeta el papel como el más preciado de los tesoros. Da media vuelta y abre la puerta que le lleva al interior de su humilde morada.
- Lo que me pide está hecho. Está hecho hoy, ayer, mañana... está hecho.- Se frota la barba y guarda el preciado papel en una pulcra y bonita cajita de madera. Antes de cerrarla lee en voz alta sin poder evitar que una lágrima recorra veloz su mejilla.
- "Que siempre haya ESPERANZA"- seca con las yemas de los dedos sus ojos llorosos- Como dije antes: Hoy, ayer y mañana, por siempre-
Dejemos al anciano descansar tranquilo fumando una pipa sentado en su sofá. Volveremos a verle pronto, a ver que tal le va.
jueves, 18 de febrero de 2010
Locura
- ... si envías tan sólo un mensaje tienes premio seguro y para los cincuenta primeros, aseguramos un viaje de una semana con todos los gastos pagados a Paris y además la posibilidad de ganar sesenta mil euros...-
Marc pasaba las noches en vela viendo la televisión a causa de sus crecientes problemas para dormir. Sentado en el sofá cogió el móvil con celeridad y sus dedos, finos y rápidos, comenzaron a escribir caracteres a todo trapo. La familia dormía y, puesto que el concurso solo aceptaba un mensaje por celular, fue raudo a coger los móviles de sus dos hermanas así como los de sus padres. No le fue difícil con los de sus padres, que los dejaban siempre encendidos en el comedor para cualquier emergencia y respecto a los de sus hermanas... sus hermanas... Entró de puntillas en la habitación dónde dormían las gemelas y cuando se despertaron, puso como excusa estar buscando un cable para el ordenador. Entre sueños y algunos refunfuños, ellas se dieron la vuelta y prosiguieron durmiendo tras una última oleada de insultos. De vuelta al sofá, encendió los teléfonos de sus hermanas y se percató de que no sabía algo indispensable: el pin.
Había enviado tres sms sin recibir respuesta y estaba enfrascado en descifrar el número secreto de los dos móviles que tenía en las manos, cuando su teléfono sonó.
- ¡Mensaje!- gritó sin poder reprimirse. Las palabras decían así:
" ¡Enhorabuena, eres el ganador de una cubertería completa! ¡Si envías un sms con otro teléfono en el plazo de 2 minutos, obtendrás otro regalo seguro! sólo tienes que mandar la palabra clave..."
Con toda la velocidad de que fue capaz, cogió el teléfono de su padre y envió el mensaje. Al poco el móvil sonó y leyó:
"¡Enhorabuena, eres el ganador de un juego de maletas completo! ¡Sí envías un sms con otro teléfono en el plazo de 1 minuto, obtendrás otro regalo seguro! sólo tienes que mandar la palabra clave..."
Cogió el teléfono de su madre y mandó el mensaje con los datos requeridos. A los pocos segundos, sonó la melodía:
"¡Enhorabuena, eres el ganador de cinco abrigos de la marca...! ¡Sí envías un sms con otro teléfono en el plazo de 30 segundos, obtendrás el deseado viaje a París! sólo tienes que mandar la palabra clave..."
El corazón se le salía por la boca. Miró la pantalla del móvil de su hermana y de un salto se incorporó. Corrió a la habitación contando los segundos en voz alta.
- ¡Sil! ¡Sil! !dime tu pin! ¡Rápido, un viaje está en juego!-19,18,17,16- ¡Rápido!- zarandeó a Silvia del brazo.
Silvia y Sandra despertaron.
- ¿Que narices quieres?- 13,12,11
- ¡El pin! ¡Un viaje a Paris está en juego!-
- 3344- respondió Silvia. 9,8..
Tan rápido como pudo introduzco los números y dio gracias a Dios porque el móvil de su hermana fuera antiguo. Raudo tecleó la palabra y lo envió justo a tiempo. Sonó la melodía.
"¡¡Enhorabuena, eres el ganador de un viaje a París...! ¡Sí envías un sms con otro teléfono en el plazo de 20 segundos, obtendrás un nuevo regalo! sólo tienes que mandar la palabra clave..."
- ¡Sandra!-
- 3344-
- ¿El mismo?-
- Sí-
Introduzco el pin y de nuevo justo a tiempo envio el sms. Al poco el teléfono de Sandra sonó:
-¿Sí?- contesto Marc visiblemente nervioso.
- Buenas noches, llamo del concurso "un viaje para el mejor". ¿Con quien tengo el placer de hablar?-
- Marc-
- ¡Enhorabuena Marc! Estás a punto de ganar una cubertería, un juego de maletas, cinco abrigos, una semana en París... ¿Pero a que no sabes lo mejor?-
- Dime- dijo Marc con una sonrisa de oreja a oreja. Sandra y Silvia permanecían atentas a la cara de su hermano.
- Marc, en el último mensaje te prometimos un nuevo regalo ¿no es así?-
- Sí- respondió tragando saliva.
- Marc, ¡estás a punto de ganar todos esos regalos y además 60000 euros!-
- ¿60000?- preguntó sintiendo como el corazón escapaba por su boca. Sus hermanas se abrazaron como si estuvieran buscando una especie de fuerza mística capaz de llevar a Marc a conseguir tan ansiada cifra.
- Tan solo tienes que responder a una pregunta en los próximos diez segundos y todo será tuyo, ¿preparado?-
-...Sí- aunque no lo estaba.
- Venga ánimo que es muuuyyy fácil: ¿De que color llevo ahora el vestido?-
Marc se levantó de la cama y corrió al comedor tan rápido como le permitieron sus pies. Sus hermanas le siguieron tropezando la una con la otra al tratar de salir a la vez del cuarto.
- ¡Vamos Marc te quedan 5 segundos!-
Cuando llegaron al comedor, toda la alegría se tornó en incertidumbre. La presentadora tan sólo mostraba la cara en un, casi estremecedor, primer plano.
- ¡Di algo! ¡Recuerda que ha dicho "ahora"!- gritaron Silvia y Sandra al unísono.
- 3,2 - se regocijaba la presentadora.
- Azul- cerró los ojos Marc.
- ¿Qué?- contestó ella- No te he oído- por la televisión quedó claro que en plató tampoco se había escuchado nada, una interferencia había arruinado momentáneamente la respuesta.
- Venga, dime Marc-
- A...- le dio tiempo a responder.
Ante la mirada atónita de los tres hermanos, la presentadora se desplomó ante sus narices. De inmediato se precipitaron en escena varias personas dispuestas a socorrer a su compañera y la emisión se cortó de inmediato... El vestido era rojo.
A la hora, el programa contactó con Marc a través del móvil de Sandra, le pidieron sus datos personales y se citaron para formalizar todo el premio.
- ¿Como está ella?- preguntó Marc interesado sinceramente.
- ¿Ella? Te refieres a Susana, imagino... verás, ha sufrido un infarto y cuando llegamos al hospital ya era tarde-
- Vaya, cuanto lo siento- respondió avergonzándose un poco de su alegría en aquel momento.
- Pero tranquilo: tendrás tu merecido premio- hubo una pausa- Por cierto, Marc, por curiosidad ¿puedo hacerte una pregunta?-
- Dígame- respondió temeroso.
- ¿Que respondiste? se cruzó algo y no nos llegó tu respuesta-
Marc presa de una leve tristeza optó por ser sincero, pese a lo que podía pasar con respecto al premio.
- Azul - una interferencia hizo imposible que llegara la respuesta.
- ¿Cómo? se ha cortado-
- A...-
Pero un largo pitido intermitente dejó claro que la comunicación se había cortado definitivamente y Marc sintió un escalofrío recorriendo su columna. Al cabo de una media hora el teléfono volvió a sonar.
- ¿Marc?-
- Sí-
- Mira no se que pasa hoy, pero esto es de locos. A la persona con la que hablabas han tenido que llevársela de urgencias. Yo soy José.-
- ¿Se sabe como está?- preguntó Marc preocupado.
- Pues todavía no sabemos nada, salvo que es otro infarto. Disculpa un segundo- se escucharon voces de fondo- Tengo que dejarte pero como ya te habrán informado, no temas por tus premios.-
- Siento lo que ha pasado- dijo Marc sin reflejar ya ninguna alegría.
- No te preocupes, ¡ni que fuera culpa tuya!- se escuchó una voz de fondo apremiando- Oye, sólo una pregunta, por curiosidad ¿que color dijiste? Nos fue imposible entenderte-
- A...-hizo una pausa- Rojo- respondió al fin. Hubo una pausa al otro lado y los segundos que siguieron avanzaron muy despacio.
- Bien, muy bien- respondió José- Nos vemos pronto entonces y ¡enhorabuena!-
Marc colgó intercambiando una mirada con sus hermanas. Mañana casi con seguridad, todo se habrá olvidado y quedará el premio en el recuerdo así como en el presente, pero hoy en sus ojos ya no quedaba rastro de alegría...
Marc pasaba las noches en vela viendo la televisión a causa de sus crecientes problemas para dormir. Sentado en el sofá cogió el móvil con celeridad y sus dedos, finos y rápidos, comenzaron a escribir caracteres a todo trapo. La familia dormía y, puesto que el concurso solo aceptaba un mensaje por celular, fue raudo a coger los móviles de sus dos hermanas así como los de sus padres. No le fue difícil con los de sus padres, que los dejaban siempre encendidos en el comedor para cualquier emergencia y respecto a los de sus hermanas... sus hermanas... Entró de puntillas en la habitación dónde dormían las gemelas y cuando se despertaron, puso como excusa estar buscando un cable para el ordenador. Entre sueños y algunos refunfuños, ellas se dieron la vuelta y prosiguieron durmiendo tras una última oleada de insultos. De vuelta al sofá, encendió los teléfonos de sus hermanas y se percató de que no sabía algo indispensable: el pin.
Había enviado tres sms sin recibir respuesta y estaba enfrascado en descifrar el número secreto de los dos móviles que tenía en las manos, cuando su teléfono sonó.
- ¡Mensaje!- gritó sin poder reprimirse. Las palabras decían así:
" ¡Enhorabuena, eres el ganador de una cubertería completa! ¡Si envías un sms con otro teléfono en el plazo de 2 minutos, obtendrás otro regalo seguro! sólo tienes que mandar la palabra clave..."
Con toda la velocidad de que fue capaz, cogió el teléfono de su padre y envió el mensaje. Al poco el móvil sonó y leyó:
"¡Enhorabuena, eres el ganador de un juego de maletas completo! ¡Sí envías un sms con otro teléfono en el plazo de 1 minuto, obtendrás otro regalo seguro! sólo tienes que mandar la palabra clave..."
Cogió el teléfono de su madre y mandó el mensaje con los datos requeridos. A los pocos segundos, sonó la melodía:
"¡Enhorabuena, eres el ganador de cinco abrigos de la marca...! ¡Sí envías un sms con otro teléfono en el plazo de 30 segundos, obtendrás el deseado viaje a París! sólo tienes que mandar la palabra clave..."
El corazón se le salía por la boca. Miró la pantalla del móvil de su hermana y de un salto se incorporó. Corrió a la habitación contando los segundos en voz alta.
- ¡Sil! ¡Sil! !dime tu pin! ¡Rápido, un viaje está en juego!-19,18,17,16- ¡Rápido!- zarandeó a Silvia del brazo.
Silvia y Sandra despertaron.
- ¿Que narices quieres?- 13,12,11
- ¡El pin! ¡Un viaje a Paris está en juego!-
- 3344- respondió Silvia. 9,8..
Tan rápido como pudo introduzco los números y dio gracias a Dios porque el móvil de su hermana fuera antiguo. Raudo tecleó la palabra y lo envió justo a tiempo. Sonó la melodía.
"¡¡Enhorabuena, eres el ganador de un viaje a París...! ¡Sí envías un sms con otro teléfono en el plazo de 20 segundos, obtendrás un nuevo regalo! sólo tienes que mandar la palabra clave..."
- ¡Sandra!-
- 3344-
- ¿El mismo?-
- Sí-
Introduzco el pin y de nuevo justo a tiempo envio el sms. Al poco el teléfono de Sandra sonó:
-¿Sí?- contesto Marc visiblemente nervioso.
- Buenas noches, llamo del concurso "un viaje para el mejor". ¿Con quien tengo el placer de hablar?-
- Marc-
- ¡Enhorabuena Marc! Estás a punto de ganar una cubertería, un juego de maletas, cinco abrigos, una semana en París... ¿Pero a que no sabes lo mejor?-
- Dime- dijo Marc con una sonrisa de oreja a oreja. Sandra y Silvia permanecían atentas a la cara de su hermano.
- Marc, en el último mensaje te prometimos un nuevo regalo ¿no es así?-
- Sí- respondió tragando saliva.
- Marc, ¡estás a punto de ganar todos esos regalos y además 60000 euros!-
- ¿60000?- preguntó sintiendo como el corazón escapaba por su boca. Sus hermanas se abrazaron como si estuvieran buscando una especie de fuerza mística capaz de llevar a Marc a conseguir tan ansiada cifra.
- Tan solo tienes que responder a una pregunta en los próximos diez segundos y todo será tuyo, ¿preparado?-
-...Sí- aunque no lo estaba.
- Venga ánimo que es muuuyyy fácil: ¿De que color llevo ahora el vestido?-
Marc se levantó de la cama y corrió al comedor tan rápido como le permitieron sus pies. Sus hermanas le siguieron tropezando la una con la otra al tratar de salir a la vez del cuarto.
- ¡Vamos Marc te quedan 5 segundos!-
Cuando llegaron al comedor, toda la alegría se tornó en incertidumbre. La presentadora tan sólo mostraba la cara en un, casi estremecedor, primer plano.
- ¡Di algo! ¡Recuerda que ha dicho "ahora"!- gritaron Silvia y Sandra al unísono.
- 3,2 - se regocijaba la presentadora.
- Azul- cerró los ojos Marc.
- ¿Qué?- contestó ella- No te he oído- por la televisión quedó claro que en plató tampoco se había escuchado nada, una interferencia había arruinado momentáneamente la respuesta.
- Venga, dime Marc-
- A...- le dio tiempo a responder.
Ante la mirada atónita de los tres hermanos, la presentadora se desplomó ante sus narices. De inmediato se precipitaron en escena varias personas dispuestas a socorrer a su compañera y la emisión se cortó de inmediato... El vestido era rojo.
A la hora, el programa contactó con Marc a través del móvil de Sandra, le pidieron sus datos personales y se citaron para formalizar todo el premio.
- ¿Como está ella?- preguntó Marc interesado sinceramente.
- ¿Ella? Te refieres a Susana, imagino... verás, ha sufrido un infarto y cuando llegamos al hospital ya era tarde-
- Vaya, cuanto lo siento- respondió avergonzándose un poco de su alegría en aquel momento.
- Pero tranquilo: tendrás tu merecido premio- hubo una pausa- Por cierto, Marc, por curiosidad ¿puedo hacerte una pregunta?-
- Dígame- respondió temeroso.
- ¿Que respondiste? se cruzó algo y no nos llegó tu respuesta-
Marc presa de una leve tristeza optó por ser sincero, pese a lo que podía pasar con respecto al premio.
- Azul - una interferencia hizo imposible que llegara la respuesta.
- ¿Cómo? se ha cortado-
- A...-
Pero un largo pitido intermitente dejó claro que la comunicación se había cortado definitivamente y Marc sintió un escalofrío recorriendo su columna. Al cabo de una media hora el teléfono volvió a sonar.
- ¿Marc?-
- Sí-
- Mira no se que pasa hoy, pero esto es de locos. A la persona con la que hablabas han tenido que llevársela de urgencias. Yo soy José.-
- ¿Se sabe como está?- preguntó Marc preocupado.
- Pues todavía no sabemos nada, salvo que es otro infarto. Disculpa un segundo- se escucharon voces de fondo- Tengo que dejarte pero como ya te habrán informado, no temas por tus premios.-
- Siento lo que ha pasado- dijo Marc sin reflejar ya ninguna alegría.
- No te preocupes, ¡ni que fuera culpa tuya!- se escuchó una voz de fondo apremiando- Oye, sólo una pregunta, por curiosidad ¿que color dijiste? Nos fue imposible entenderte-
- A...-hizo una pausa- Rojo- respondió al fin. Hubo una pausa al otro lado y los segundos que siguieron avanzaron muy despacio.
- Bien, muy bien- respondió José- Nos vemos pronto entonces y ¡enhorabuena!-
Marc colgó intercambiando una mirada con sus hermanas. Mañana casi con seguridad, todo se habrá olvidado y quedará el premio en el recuerdo así como en el presente, pero hoy en sus ojos ya no quedaba rastro de alegría...
miércoles, 17 de febrero de 2010
En blanco y negro
- No puedo más Pedro, no puedo más...- el teléfono comenzaba ya a molestar excesivamente su oreja así que lo cambió de mano y lo pasó a la otra- no hay salida, no la hay...-
- Bueno Juan, trata de calmarte, fúmate un cigarro tómate tu tiempo, piénsalo detenidamente-
- No se...- dijo Juan reprimiendo un llanto que amenazaba con salir de nuevo a la superficie.
- Hazme caso: túmbate un rato, ponte una peli, duerme un poco...-
- Sí, sí, haré eso. Gracias por estar siempre ahí, muchas graci...- fue incapaz de acabar la frase.
- De nada socio. Un abrazo muy fuerte y mucho ánimo-
- Hasta luego Pedro-
- Chao campeón-
Colgó el teléfono y lo dejo sobre la mesa frente a él. Ahora el silencio lo engullía todo hasta que el leve sonido del "tictac" del relojo de pared lo quebró. Cruzó los brazos sobre la mesa y hundió la cabeza en ellos. Sus hombros comenzaron a convulsionarse y el "tictac" del reloj fue vencido ahora por el llanto.
- Sólo quería un detalle, un gesto... algo-
Su voz sonó ahogada y levantó la cabeza secándose las lágrimas con las palmas de las manos. Encendió un cigarro y lo consumió con celeridad entre vaivenes de imágenes atravesando su mente con una sola protagonista: ella.
- Recapitulemos: cada vez más distante, cada vez más ausente, cuando está conmigo no está- sonrió con ironía- simplemente no está. Siempre tiene que irse pronto y cada vez nos vemos menos porque tiene "cosas que hacer"...- se levantó de la silla con determinación - Se ha terminado.
Se puso la chaqueta y se dio un último vistazo al espejo. Valoró la posibilidad de ir a lavarse la cara para "camuflar" las horas de llantos y tristeza, pero no lo hizo.
- Cuando antes haga esto mejor- se dijo apunto de romper a llorar de nuevo.
Caminando por la calle todo era como en aquellas películas antiguas que tanto le gustaban: todo era en blanco y negro. Los colores parecían haberse evaporado y la gente que pasaba junto a él, estaba tan lejos que ni tan sólo se percató de que Luis, uno de sus compañeros de trabajo, le saludaba a escasos metros de su situación.
- Hace meses que estamos así y mira como estoy: no puedo- dijo en voz baja secando sus ojos con las manos.
Pronto llegó al portal de Ainoha y para su sorpresa, no dudó a la hora de picar al timbre.
- ¿Sí? - habló una voz masculina a través del interfono. ¿Quien era? no le resultaba familiar.
- Soy Juan, vengo a ver a Ainoha- contestó notando como la señora tristeza parecía retirarse al ver aparecer a su vecina: la ira.
- Un segundo...-
- No puede ser- susurró.
- Sube-
Empujó la puerta apretando los puños y, muy a su pesar, notó como la tristeza remontaba la envestida inicial de la ira. Subió las escaleras recordando aquellos buenos momentos de hacía apenas unos meses. Tragó saliva cuando estuvo frente a la puerta, preguntándose que había pasado para llegar a la situación actual. Le abrió un chico alto, moreno, de ojos claros y una media sonrisa que Juan no sabía cuanto tiempo podría digerir.
- La "chiqui" está en el salón- comentó el desconocido, ahora sonriendo abiertamente.
Juano notó cerrarse su puño y correr la adrenalina por sus venas. Definitivamente iba a romperle la cara a aquel tipo, o si más no a intentarlo.
- Pasa Juan, estoy aquí- la voz llegó como de otro mundo ya muy lejano. Lanzó una última mirada al desconocido que hizo que la sonrisa desapareciera por completo de su rostro.
- ¡Ainoha! esto no puede ser, vengo a hablar contigo porqué...-
Ainoha salió de la estancia con aquella sonrisa capaz de congelar el tiempo. Sus ojos se apagaron al ver los de Juan.
- Pero ¿que te ha pasado car...?- comenzó a acercarse abriendo los brazos.
- ¡Déjame en paz, vengo a decirte que no aguanto más! ¡Mírame! ¡Mira en lo que me he convertido! y tú aquí tan tranquila con...- señaló atrás en dirección a la persona que le había abierto la puerta- y tú aquí con... dime ¿siempre era para estar con él?- preguntó echándose a llorar y rindiéndose ante el abrazo de Ainoha.
- Sí- dijo ella acariciándole el pelo. Juan trató de hablar, pero no pudo - ven Juan, ven conmigo- compartió una mirada de complicidad con el chico moreno y poco a poco fue llevando a Juan al salón.
- ¿Por qué Ainoha? ¿ Por qué me has hecho tanto daño? - dijo sin apartar la cara todavía enterrada en los hombros de ella.
- Mírame- dijo Ainoha empujándole con suavidad para despegarse de él.
- ¡No puedo! ¡no puedo mirarte! ¡debería irme cuanto antes!-
- Mírame-
- Tengo miedo de que me hagas más daño... si eso es posible- respondió Juan dándole la espalda sin acabar de creerse que no se hubiera marchado aún lanzando un sonoro puñetazo a la cara del chico desconocido.
- Mírame, abre los ojos-
- Quiero irme ya y no verte más Ainoha-
- Juan, por favor- su voz comenzó a titubear y las lágrimas comenzaron a aparecer en su cara- Mira...- la palabra se cortó por las lágrimas- por favor, por favor... -
Juan no puedo evitar sentir algo moverse en su alma cuando escuchó llorar a Ainoha y no pudo más que volverse. Tras ella, ahora arrodillada y con la cara enterrada entre las manos, contempló algo que hizo que todo volviera a teñirse de color. La estancia, bañada por esa nueva luz en su mirada, le mostró a Jorge una estatua. Sobre una columna de piedra diseñada para tal fin, una escultura de unos dos palmos de altura labrada en mármol, plasmaba a la perfección el mágico momento de un día ya lejano, en el que ambos sentados en un banco del parque, se habían conocido.
- Pero...- comenzó incapaz de encontrar las palabras.
- Me ha costado mucho hacerla y Miguel me ha ido guiando, era algo que quería hacer antes de preguntarte...- dijo alzando la mirada.
- Pero...-
- ¿Quiere casarte conmigo Juan?-
- Pero...- dijo Juan ayudando a incorporarse a Ainoha y mirándola a los ojos.
Miguel sonreía en un rincón pero fue la sonrisa de Ainoha cuando Juan la beso, la que provocó que la luz de su universo brillara aún más y logró hacer llegar a sus oídos a través de la ventana, la agradable melodía tocada por algún músico callejero que desde hacía rato estaba sonando abajo en la calle.
- Bueno Juan, trata de calmarte, fúmate un cigarro tómate tu tiempo, piénsalo detenidamente-
- No se...- dijo Juan reprimiendo un llanto que amenazaba con salir de nuevo a la superficie.
- Hazme caso: túmbate un rato, ponte una peli, duerme un poco...-
- Sí, sí, haré eso. Gracias por estar siempre ahí, muchas graci...- fue incapaz de acabar la frase.
- De nada socio. Un abrazo muy fuerte y mucho ánimo-
- Hasta luego Pedro-
- Chao campeón-
Colgó el teléfono y lo dejo sobre la mesa frente a él. Ahora el silencio lo engullía todo hasta que el leve sonido del "tictac" del relojo de pared lo quebró. Cruzó los brazos sobre la mesa y hundió la cabeza en ellos. Sus hombros comenzaron a convulsionarse y el "tictac" del reloj fue vencido ahora por el llanto.
- Sólo quería un detalle, un gesto... algo-
Su voz sonó ahogada y levantó la cabeza secándose las lágrimas con las palmas de las manos. Encendió un cigarro y lo consumió con celeridad entre vaivenes de imágenes atravesando su mente con una sola protagonista: ella.
- Recapitulemos: cada vez más distante, cada vez más ausente, cuando está conmigo no está- sonrió con ironía- simplemente no está. Siempre tiene que irse pronto y cada vez nos vemos menos porque tiene "cosas que hacer"...- se levantó de la silla con determinación - Se ha terminado.
Se puso la chaqueta y se dio un último vistazo al espejo. Valoró la posibilidad de ir a lavarse la cara para "camuflar" las horas de llantos y tristeza, pero no lo hizo.
- Cuando antes haga esto mejor- se dijo apunto de romper a llorar de nuevo.
Caminando por la calle todo era como en aquellas películas antiguas que tanto le gustaban: todo era en blanco y negro. Los colores parecían haberse evaporado y la gente que pasaba junto a él, estaba tan lejos que ni tan sólo se percató de que Luis, uno de sus compañeros de trabajo, le saludaba a escasos metros de su situación.
- Hace meses que estamos así y mira como estoy: no puedo- dijo en voz baja secando sus ojos con las manos.
Pronto llegó al portal de Ainoha y para su sorpresa, no dudó a la hora de picar al timbre.
- ¿Sí? - habló una voz masculina a través del interfono. ¿Quien era? no le resultaba familiar.
- Soy Juan, vengo a ver a Ainoha- contestó notando como la señora tristeza parecía retirarse al ver aparecer a su vecina: la ira.
- Un segundo...-
- No puede ser- susurró.
- Sube-
Empujó la puerta apretando los puños y, muy a su pesar, notó como la tristeza remontaba la envestida inicial de la ira. Subió las escaleras recordando aquellos buenos momentos de hacía apenas unos meses. Tragó saliva cuando estuvo frente a la puerta, preguntándose que había pasado para llegar a la situación actual. Le abrió un chico alto, moreno, de ojos claros y una media sonrisa que Juan no sabía cuanto tiempo podría digerir.
- La "chiqui" está en el salón- comentó el desconocido, ahora sonriendo abiertamente.
Juano notó cerrarse su puño y correr la adrenalina por sus venas. Definitivamente iba a romperle la cara a aquel tipo, o si más no a intentarlo.
- Pasa Juan, estoy aquí- la voz llegó como de otro mundo ya muy lejano. Lanzó una última mirada al desconocido que hizo que la sonrisa desapareciera por completo de su rostro.
- ¡Ainoha! esto no puede ser, vengo a hablar contigo porqué...-
Ainoha salió de la estancia con aquella sonrisa capaz de congelar el tiempo. Sus ojos se apagaron al ver los de Juan.
- Pero ¿que te ha pasado car...?- comenzó a acercarse abriendo los brazos.
- ¡Déjame en paz, vengo a decirte que no aguanto más! ¡Mírame! ¡Mira en lo que me he convertido! y tú aquí tan tranquila con...- señaló atrás en dirección a la persona que le había abierto la puerta- y tú aquí con... dime ¿siempre era para estar con él?- preguntó echándose a llorar y rindiéndose ante el abrazo de Ainoha.
- Sí- dijo ella acariciándole el pelo. Juan trató de hablar, pero no pudo - ven Juan, ven conmigo- compartió una mirada de complicidad con el chico moreno y poco a poco fue llevando a Juan al salón.
- ¿Por qué Ainoha? ¿ Por qué me has hecho tanto daño? - dijo sin apartar la cara todavía enterrada en los hombros de ella.
- Mírame- dijo Ainoha empujándole con suavidad para despegarse de él.
- ¡No puedo! ¡no puedo mirarte! ¡debería irme cuanto antes!-
- Mírame-
- Tengo miedo de que me hagas más daño... si eso es posible- respondió Juan dándole la espalda sin acabar de creerse que no se hubiera marchado aún lanzando un sonoro puñetazo a la cara del chico desconocido.
- Mírame, abre los ojos-
- Quiero irme ya y no verte más Ainoha-
- Juan, por favor- su voz comenzó a titubear y las lágrimas comenzaron a aparecer en su cara- Mira...- la palabra se cortó por las lágrimas- por favor, por favor... -
Juan no puedo evitar sentir algo moverse en su alma cuando escuchó llorar a Ainoha y no pudo más que volverse. Tras ella, ahora arrodillada y con la cara enterrada entre las manos, contempló algo que hizo que todo volviera a teñirse de color. La estancia, bañada por esa nueva luz en su mirada, le mostró a Jorge una estatua. Sobre una columna de piedra diseñada para tal fin, una escultura de unos dos palmos de altura labrada en mármol, plasmaba a la perfección el mágico momento de un día ya lejano, en el que ambos sentados en un banco del parque, se habían conocido.
- Pero...- comenzó incapaz de encontrar las palabras.
- Me ha costado mucho hacerla y Miguel me ha ido guiando, era algo que quería hacer antes de preguntarte...- dijo alzando la mirada.
- Pero...-
- ¿Quiere casarte conmigo Juan?-
- Pero...- dijo Juan ayudando a incorporarse a Ainoha y mirándola a los ojos.
Miguel sonreía en un rincón pero fue la sonrisa de Ainoha cuando Juan la beso, la que provocó que la luz de su universo brillara aún más y logró hacer llegar a sus oídos a través de la ventana, la agradable melodía tocada por algún músico callejero que desde hacía rato estaba sonando abajo en la calle.
domingo, 14 de febrero de 2010
El número

Remuevo el último de los cajones que me queda por ordenar. Hacía mucho que debía haber hecho esto, pero siempre he retrasado este momento lo máximo que he podido. ¿Que por qué? De cara a la galería la respuesta es: "por vagancia". Pero la realidad es bien distinta. Con cada papel tirado a la basura, con el remoto recuerdo de cada ticket: de compra, de restaurante, billetes de avión, aquel lejano y prácticamente obsoleto "walkman"... Mucha gente sólo vería basura pero yo veo mucho más. Hay dagas, espadas, pistolas, caricias, besos, lágrimas... pero sobretodo: muchas sonrisas.
Todo va bastante bien hasta que un papel cae en mis manos. Apenas visible por el paso del tiempo se adivinan más que leerse, palabras aparentemente inconexas. Nunca he tenido buena memoria, así que de primeras el papel no me suena. Aparto todo a un lado y me centro en el papel. Lo dejo ante mi y enciendo la luz del escritorio... el color del papel comienza a sonarme.
- Asa, ama... no... ¡Ana!-
¿Ana? que ana. ¡Sí! ya recuerdo, fue aquella noche.
- 685...-
Su teléfono y algo más.
- Had, has... proferido, no ¡prometido!... llamar- ¿He prometido llamar? ¿Prometí llamar? no lo recuerdo. ¿Pero cuanto hace? ¿6,7,8 años? ¿Que habrá sido de ella? ¿Dónde estará?.- Cojo el móvil y comienzo a frotarme la barbilla con él. -Es demasiado tarde, no vivirá en la ciudad, estará con alguien o incluso quizá se habrá casado. -
Los minutos que pasan parecen regocijarse de mi, recreándose con crueldad en cada segundo. Desbloqueo el móvil y comienzo a marcar hasta que paro.
- Es demasiado tarde.- Me repito resignado lanzando el móvil sobre la cama .
No muy lejos de allí, Ana derrama quizás su última lágrima. Cansada de llorar y sufrir ha decidido poner fin de una vez a todo el dolor. Agachada en un rincón de la cocina, contempla su mano llena de cápsulas.
- Dicen que es doloroso- sonríe con ironía con los ojos rojos de tanto llorar- Más doloroso es todo esto.-
Abre la boca y la llena de todas las pastillas de las que es capaz. Coge el vaso de agua y se dispone entornando los párpados a beber su último trago. Sus ojos se abren de par en par y escupe en su mano todo lo que tiene en la boca.
- Olvidé apagar el móvil...- dice resignada contemplando el número desconocido que aparece en pantalla. Su dedo pulgar baila del colgar al descolgar en una danza burlona. Hasta que finalmente descuelga.
- ¿Sí? -
- Quizás es tarde, pero te prometí que te llamaría...no se si me recordarás...-
- Te recuerdo -
La charla se alarga y transcurrida una hora, un puñado de pastillas caen al suelo rebotando, hoy derrotadas, unas contra otras.
Todo va bastante bien hasta que un papel cae en mis manos. Apenas visible por el paso del tiempo se adivinan más que leerse, palabras aparentemente inconexas. Nunca he tenido buena memoria, así que de primeras el papel no me suena. Aparto todo a un lado y me centro en el papel. Lo dejo ante mi y enciendo la luz del escritorio... el color del papel comienza a sonarme.
- Asa, ama... no... ¡Ana!-
¿Ana? que ana. ¡Sí! ya recuerdo, fue aquella noche.
- 685...-
Su teléfono y algo más.
- Had, has... proferido, no ¡prometido!... llamar- ¿He prometido llamar? ¿Prometí llamar? no lo recuerdo. ¿Pero cuanto hace? ¿6,7,8 años? ¿Que habrá sido de ella? ¿Dónde estará?.- Cojo el móvil y comienzo a frotarme la barbilla con él. -Es demasiado tarde, no vivirá en la ciudad, estará con alguien o incluso quizá se habrá casado. -
Los minutos que pasan parecen regocijarse de mi, recreándose con crueldad en cada segundo. Desbloqueo el móvil y comienzo a marcar hasta que paro.
- Es demasiado tarde.- Me repito resignado lanzando el móvil sobre la cama .
No muy lejos de allí, Ana derrama quizás su última lágrima. Cansada de llorar y sufrir ha decidido poner fin de una vez a todo el dolor. Agachada en un rincón de la cocina, contempla su mano llena de cápsulas.
- Dicen que es doloroso- sonríe con ironía con los ojos rojos de tanto llorar- Más doloroso es todo esto.-
Abre la boca y la llena de todas las pastillas de las que es capaz. Coge el vaso de agua y se dispone entornando los párpados a beber su último trago. Sus ojos se abren de par en par y escupe en su mano todo lo que tiene en la boca.
- Olvidé apagar el móvil...- dice resignada contemplando el número desconocido que aparece en pantalla. Su dedo pulgar baila del colgar al descolgar en una danza burlona. Hasta que finalmente descuelga.
- ¿Sí? -
- Quizás es tarde, pero te prometí que te llamaría...no se si me recordarás...-
- Te recuerdo -
La charla se alarga y transcurrida una hora, un puñado de pastillas caen al suelo rebotando, hoy derrotadas, unas contra otras.
La puerta
- Primero camino, luego corro y luego...- silencio.
- ¿Luego qué?-
- Luego despierto... nunca llego ni tan solo a tocarla.-
- ¿La puerta?-
- Sí- David exhaló un suspiro mientras miraba al techo tumbado en la cama junto a su esposa - Nunca he logrado llegar ni siquiera a tocarla.-
- ¿Por qué quieres abrirla cariño? Hay puertas que es mejor mantener cerradas.- María acarició el pecho de marido.
- Es que... una vez logré escuchar algo ¿sabes? -
- ¿El qué cariño? ¿Qué escuchaste?-
Una leve sonrisa asomó a los labios de David al recordar y se volvió para mirar a Maria, para así poder ver su reacción ante lo que iba a escuchar.
- ¿De verdad quieres saberlo?- ella asintió regalándole una de aquellas sonrisas capaces de apagar la vela de la tristeza de un soplo- Escuché... el tiempo -
- ¿Escuchaste un reloj? ¿El tictac de un reloj?-
- No, escuché EL TIEMPO-
- ¿El tiempo?-
- Sí-
- ¿Que sonido es ese?-
- No sé explicarlo - una lágrima rodaba por su mejilla al tiempo que una sonrisa se dibujaba en su cara- Pero era algo... algo que quiero descubrir de dónde proviene-
María, con un movimiento rápido, se tumbó sobre él y le besó en los labios. A continuación, palabras, besos y caricias llevaron a la máxima expresión física del amor. Más tarde, la luz se apagó.
"David caminó y corrió más que nunca al ver de nuevo la puerta. Era consciente de las veces que había tratado de alcanzarla y de sus incontables fracasos. El sonido ya típico penetró en su cabeza recordándole que sería imposible definirlo con palabras de su mundo. Era algo tan incomprensible... y tan alentador... Asió el pomo y empujó la puerta sintiendo como una descarga de emociones recorría su ser para luego salir de él y volver a su origen... y tras la puerta..."
Sus ojos se abrieron, despacio. Alargó el brazo buscando un interruptor que, como siempre, ya no estaba. Una pesadez predominaba en su cuerpo y no tardó mucho en darse cuenta de que tosía de forma ininterrumpida. Palpó al otro lado y el corazón se le encogió al comprobar que María no estaba... otra vez. Hacía ya, ¿semanas? ¿años? que cada día se repetía la misma secuencia.
-¿Está usted bien señor David?- La luz se encendió.
La enfermera irrumpió en la estancia con la misma pregunta de siempre. A la que él daría idéntica respuesta que la última vez.
- Sí, estoy bien, muchas gracias - dijo tomando el medicamento que la enfermera le traía y sorbiendo un corto trago de agua.
- ¿De nuevo el sueño?- preguntó ella secando su barbilla con una toalla.
- El mismo de siempre.- respondió él sin poder evitar echarse a llorar.
Ella le abrazó como tantas veces y esperó hasta que David se hubiera desahogado.
- ¿No logra volver al otro lado de la puerta, cerrarla y alejarse? - Inquirió ella con una sonrisa comprensiva.
Él puso sus manos entre las suyas.
- Ahora ni siquiera se dónde está... ni siquiera sé dónde está... María tenía razón-
- ¿Que decía su esposa?-
- Maria decía- miró al techo y sonrió al recordar lo que podía ser ayer o hacía años- que "hay puertas que es mejor mantener cerradas"-
Ella se dispuso a irse besando su frente pero él la atajó.
-¿Cómo llegué aquí?- preguntó aún sabiendo la respuesta, aún repitiendo la misma escena cada día, cada día, cada día...
- No lo sé- respondió ella - soy...-
- Nueva.- acabó él la frase - Buenas noches Natalia -
- Buenas noches David, dulces sueños -
- ¿Luego qué?-
- Luego despierto... nunca llego ni tan solo a tocarla.-
- ¿La puerta?-
- Sí- David exhaló un suspiro mientras miraba al techo tumbado en la cama junto a su esposa - Nunca he logrado llegar ni siquiera a tocarla.-
- ¿Por qué quieres abrirla cariño? Hay puertas que es mejor mantener cerradas.- María acarició el pecho de marido.
- Es que... una vez logré escuchar algo ¿sabes? -
- ¿El qué cariño? ¿Qué escuchaste?-
Una leve sonrisa asomó a los labios de David al recordar y se volvió para mirar a Maria, para así poder ver su reacción ante lo que iba a escuchar.
- ¿De verdad quieres saberlo?- ella asintió regalándole una de aquellas sonrisas capaces de apagar la vela de la tristeza de un soplo- Escuché... el tiempo -
- ¿Escuchaste un reloj? ¿El tictac de un reloj?-
- No, escuché EL TIEMPO-
- ¿El tiempo?-
- Sí-
- ¿Que sonido es ese?-
- No sé explicarlo - una lágrima rodaba por su mejilla al tiempo que una sonrisa se dibujaba en su cara- Pero era algo... algo que quiero descubrir de dónde proviene-
María, con un movimiento rápido, se tumbó sobre él y le besó en los labios. A continuación, palabras, besos y caricias llevaron a la máxima expresión física del amor. Más tarde, la luz se apagó.
"David caminó y corrió más que nunca al ver de nuevo la puerta. Era consciente de las veces que había tratado de alcanzarla y de sus incontables fracasos. El sonido ya típico penetró en su cabeza recordándole que sería imposible definirlo con palabras de su mundo. Era algo tan incomprensible... y tan alentador... Asió el pomo y empujó la puerta sintiendo como una descarga de emociones recorría su ser para luego salir de él y volver a su origen... y tras la puerta..."
Sus ojos se abrieron, despacio. Alargó el brazo buscando un interruptor que, como siempre, ya no estaba. Una pesadez predominaba en su cuerpo y no tardó mucho en darse cuenta de que tosía de forma ininterrumpida. Palpó al otro lado y el corazón se le encogió al comprobar que María no estaba... otra vez. Hacía ya, ¿semanas? ¿años? que cada día se repetía la misma secuencia.
-¿Está usted bien señor David?- La luz se encendió.
La enfermera irrumpió en la estancia con la misma pregunta de siempre. A la que él daría idéntica respuesta que la última vez.
- Sí, estoy bien, muchas gracias - dijo tomando el medicamento que la enfermera le traía y sorbiendo un corto trago de agua.
- ¿De nuevo el sueño?- preguntó ella secando su barbilla con una toalla.
- El mismo de siempre.- respondió él sin poder evitar echarse a llorar.
Ella le abrazó como tantas veces y esperó hasta que David se hubiera desahogado.
- ¿No logra volver al otro lado de la puerta, cerrarla y alejarse? - Inquirió ella con una sonrisa comprensiva.
Él puso sus manos entre las suyas.
- Ahora ni siquiera se dónde está... ni siquiera sé dónde está... María tenía razón-
- ¿Que decía su esposa?-
- Maria decía- miró al techo y sonrió al recordar lo que podía ser ayer o hacía años- que "hay puertas que es mejor mantener cerradas"-
Ella se dispuso a irse besando su frente pero él la atajó.
-¿Cómo llegué aquí?- preguntó aún sabiendo la respuesta, aún repitiendo la misma escena cada día, cada día, cada día...
- No lo sé- respondió ella - soy...-
- Nueva.- acabó él la frase - Buenas noches Natalia -
- Buenas noches David, dulces sueños -
lunes, 8 de febrero de 2010
¿Soñando?
Nunca pensé que este día realmente llegaría.
Siempre tuve la esperanza de que algo cambiaria y no tendría que celebrar este aniversario.
Pero no ha sido así.
De forma inevitable ha sucedido y no veo el momento en que se acabe…
Anoche se cumplieron mil días desde que no duermo.
No me siento mal, la verdad. Simplemente estoy cansado.
Hace tanto que no sueño que ni siquiera la lluvia de soles me pareció un acto interesante.
Creo que la falta de sueño me está afectando de alguna forma.
Cada día veo a la misma gente, a la misma hora. Día tras día. Día tras día.
¿Acaso el disco duro de mi cabeza ya está completo y no deja entrar nueva información?
¿Por eso la vida es un compendio de situaciones ya vividas?
¿Por eso he dejado de soñar?
¿Por eso no puedo crear nuevas esperanzas…?
Por eso…
Hay tantas cosas que…
Necesito…
Cada vez hay más cosas con las que querría soñar…
… y cada vez tengo menos tiempo para dormir…
R.
Siempre tuve la esperanza de que algo cambiaria y no tendría que celebrar este aniversario.
Pero no ha sido así.
De forma inevitable ha sucedido y no veo el momento en que se acabe…
Anoche se cumplieron mil días desde que no duermo.
No me siento mal, la verdad. Simplemente estoy cansado.
Hace tanto que no sueño que ni siquiera la lluvia de soles me pareció un acto interesante.
Creo que la falta de sueño me está afectando de alguna forma.
Cada día veo a la misma gente, a la misma hora. Día tras día. Día tras día.
¿Acaso el disco duro de mi cabeza ya está completo y no deja entrar nueva información?
¿Por eso la vida es un compendio de situaciones ya vividas?
¿Por eso he dejado de soñar?
¿Por eso no puedo crear nuevas esperanzas…?
Por eso…
Hay tantas cosas que…
Necesito…
Cada vez hay más cosas con las que querría soñar…
… y cada vez tengo menos tiempo para dormir…
R.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Cansado
Cansado de la incertidumbre.
Cansado de la tristeza.
Cansado de la depresión.
Cansado de las lágrimas no derramadas.
Cansado de las lágrimas desbordadas.
Cansado de los nudos en el estómago.
Cansado de no dormir.
Cansado de no soñar.
Cansado de despertar en un sin sentido continuo.
Cansado de la incomprensión.
Cansado de gritos.
Cansado de reproches.
Cansado de intranquilidad.
Cansado del sufrimiento.
Cansado de la frustración.
Cansado de las nocivas sensaciones.
Cansado de no disfrutar.
Cansado de padecer.
Cansado de no sonreir.
Cansado de la ansiedad.
Cansado de la preocupación.
Cansado de la reiteración.
Cansado de la pena.
Cansado del dolor.
Cansado de estar cansado.
Estoy cansado.
Muy cansado.
Exhausto.
Cansado de la tristeza.
Cansado de la depresión.
Cansado de las lágrimas no derramadas.
Cansado de las lágrimas desbordadas.
Cansado de los nudos en el estómago.
Cansado de no dormir.
Cansado de no soñar.
Cansado de despertar en un sin sentido continuo.
Cansado de la incomprensión.
Cansado de gritos.
Cansado de reproches.
Cansado de intranquilidad.
Cansado del sufrimiento.
Cansado de la frustración.
Cansado de las nocivas sensaciones.
Cansado de no disfrutar.
Cansado de padecer.
Cansado de no sonreir.
Cansado de la ansiedad.
Cansado de la preocupación.
Cansado de la reiteración.
Cansado de la pena.
Cansado del dolor.
Cansado de estar cansado.
Estoy cansado.
Muy cansado.
Exhausto.
sábado, 17 de octubre de 2009
Estresaud (Stress out)
Luz tenue.
Música suave.
Calma.
Nada importa.
Nada influye.
Nada existe.
Sus manos recorren lentamente su cabeza.
Movimientos circulares combinados con un poco de presión deben obrar el milagro.
Caricias y más caricias. Cesan. Continúan. Cesan. Continúan.
Placidez.
Su pelo se enreda entre sus dedos.
Nada importa.
Poco a poco y sin dejar de sentir el incesante movimiento, sus manos se deslizan hacia su cuello.
Sosiego.
Aquí los pulgares cobran especial importancia.
Presión sobre las cervicales en un perpetuo vaivén de movimientos. La cadencia y el compás, adquieren un grado vital. El efecto deseado se está engendrando.
Continua el viaje.
Nada influye.
Manos abiertas tratando de alcanzar el máximo terreno posible surcan las curvas de su espalda. Arriba. Abajo. Vuelta a empezar.
Tranquilidad.
Sus dedos recorren la ruta marcada por su columna vertebral.
El suave roce, casi imperceptible, de la yema de su dedo índice provoca en ella un mar de cálidas sensaciones.
Nada existe.
Paz.
Un suspiro se pierde en el aire.
-Mmmmmm...
Una sonrisa.
Misión cumplida.
Música suave.
Calma.
Nada importa.
Nada influye.
Nada existe.
Sus manos recorren lentamente su cabeza.
Movimientos circulares combinados con un poco de presión deben obrar el milagro.
Caricias y más caricias. Cesan. Continúan. Cesan. Continúan.
Placidez.
Su pelo se enreda entre sus dedos.
Nada importa.
Poco a poco y sin dejar de sentir el incesante movimiento, sus manos se deslizan hacia su cuello.
Sosiego.
Aquí los pulgares cobran especial importancia.
Presión sobre las cervicales en un perpetuo vaivén de movimientos. La cadencia y el compás, adquieren un grado vital. El efecto deseado se está engendrando.
Continua el viaje.
Nada influye.
Manos abiertas tratando de alcanzar el máximo terreno posible surcan las curvas de su espalda. Arriba. Abajo. Vuelta a empezar.
Tranquilidad.
Sus dedos recorren la ruta marcada por su columna vertebral.
El suave roce, casi imperceptible, de la yema de su dedo índice provoca en ella un mar de cálidas sensaciones.
Nada existe.
Paz.
Un suspiro se pierde en el aire.
-Mmmmmm...
Una sonrisa.
Misión cumplida.
domingo, 4 de octubre de 2009
Destino
Caminas sin rumbo por una ciudad desconocida. De repente ante ti hay una puerta y en esa puerta un extraño picaporte. Nunca habías estado en esa ciudad pero esa puerta te es conocida. Hace ya mucho tiempo la viste en un misterioso blog en internet. Tomas el picaporte en tu mano y llamas. La puerta se abre y una voz en la oscuridad te dice "pasa, llevamos mucho tiempo esperándote". Entras porque sabes que tu destino va a cumplirse. La vida es una extraña red de causas y efectos... Y todo empieza aquí y ahora... Alguien escribe, y alguien lee, y todo tiene su inicio y su destino final... ¿Qué te espera tras la puerta, querido lector?miércoles, 16 de septiembre de 2009
Pedazos de madera
Toc, toc, toc.
Toc, toc, toc.
Los golpes provenían de la puerta principal. El anciano caminaba con dificultad hacia ella esquivando todo el material que tenía de por medio. Su pelo completamente blanco y las numerosas arrugas de su cara vislumbraban una larga vida, muy larga. Su respiración, entrecortada por el esfuerzo del movimiento, presagiaba que no muchos más alientos su boca iba a dejar escapar.
Toc, toc, toc.
El pobre anciano aceleró en la medida que pudo su paso, tratando de llegar a la puerta raudamente.
Toc, toc, toc... toc, toc, toc...
-Ya vaaaaaaa!!!!!!! – gritó con voz ronca.
Al abrir la puerta se sorprendió. Hacía ya mucho tiempo que nadie iba a ver a este anciano y la presencia de un niño en su umbral era algo completamente inusual para él.
El niño era rubio. No debería de tener más de seis o siete años. Tenía el pelo largo con tirabuzones. Su cara estaba llena de pecas y sus ojos desprendían la inocencia que provoca la ignorancia.
-Necesito una escalera. – dijo con voz risueña el niño.
Plantado frente al niño, el anciano se extrañó.
-¿Cómo dices?
-¡¡¡¡Necesito una escalera!!!! – dijo de nuevo con voz risueña.
El anciano lo miró severamente.
-Jovencito, esas no son maneras de dirigirse a la gente. Sobretodo si vas a pedir algo a alguien, ¿comprendes?. A ver... ¿cómo te llamas?
-Kirdec.
La expresión del anciano se iba relajando a medida que la conversación avanzaba.
-Muy bien Kirdec. Yo soy Cauvin. Dime, ¿qué puedo hacer por ti?
-Necesito una escalera – repitió.
El anciano, con una sonrisa de incredulidad, movía la cabeza de una lado a otro.
-Anda pasa y siéntate en esa mesa – dijo Cauvin señalando a una mesa desvencijada que había al fondo de la habitación.
Kirdec caminó por la habitación con los ojos abiertos de par en par, alucinando con todas las cosas que tenía el anciano esparcidas por el suelo. Se sentó con las piernas cruzadas y siguió con la mirada al anciano mientras este recorría la distancia que separaba la puerta principal de la mesa. En el trayecto, el anciano pasó junto a un perro que parecía ser de madera. Notando que éste había llamado la atención del niño, se detuvo. Lo tocó con su mano y el perro salió corriendo fuera de la estancia.
El niño, boquiabierto, no podía creer lo que acababa de ver. ¿Ese perro era real y estaba muy quieto? ¿O era un perro de madera que había cobrado vida?
Cauvin se sentó por fin.
-Yo no tengo una escalera. –dijo con una expresión de lamento.
Kirdec se entristeció. Su cara enfurruñada ni siquiera miraba directamente al anciano.
-Pero... puedes construir una ¿verdad? Tú eres el carpintero. – Su cara volvía a desprender la jovialidad de la esperanza.
El anciano se sorprendió ante las descaradas palabras del jovenzuelo.
-Hace ya mucho tiempo que no construyo nada. Mis manos ya no son capaces de sujetar firmemente el cincel. Mis ojos ya no ven con tanta claridad como lo hacía antaño. Soy un pobre viejo. He perdido mi habilidad.
La decepción de nuevo invadió a Kirdec.
Ante tal situación, algo en el alma del pobre anciano pareció romperse.
-A ver pequeño, ¿y para qué necesitas tú una escalera?
-Pues... porque la necesito. – dijo encogiéndose de hombros.
Una sonrisa se esbozó en la cara de Cauvin.
-Muy bien. Necesitas una escalera. ¿Cómo de larga ha de ser?
-Mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho... – los brazos del pobre niño no podían separase más de lo que estaban para indicarle como de larga había de ser la tan ansiada escalera.
El anciano suspiró. Parecía meditar su respuesta cuando se puso en pie.
-Está bien. Voy a ayudarte. Puedo hacerte una escalera tan larga como tú quieras...
El niño saltó se alegría de la silla en que estaba sentado.
El anciano, con su mano derecha indicó a Kirdec que se calmara.
-Yo te haré la escalera. La más larga del mundo. Para ti. Y tú a cambio tendrás que darme una cosa.
El niño, confuso, lo miró extrañado.
-Pero... yo no tengo dinero...- dijo lentamente.
El anciano se aproximó a él.
-No quiero nada... ahora...
Kirdec no lo comprendía.
-Dentro de veinte años te buscaré. Entonces tendrás que darme voluntariamente aquello que yo te pida. – su voz revelaba tranquilidad.
Kirdec no tardó en darle la respuesta.
-Valeeeeeeee!!!!!!!!
El anciano le extendió la mano. El niño la apretó en señal de trato.
En ese preciso instante los ojos del anciano cambiaron. De color marrón claro se transformaron en negros por completo. Las arrugas de su cara desaparecieron y una continua sonrisa malévola se instaló en su rostro.
Kirdec se asustó y se apartó.
-Un trato es un trato. – dijo Cauvin
Sacó un pañuelo de su bolsillo y lo posó sobre la mesa. Miró a Kirdec. Seguidamente agarró el pañuelo con tan solo dos dedos y al levantarlo apareció una escalera pequeña sobre la mesa.
-Es toda tuya – dijo señalando al niño.
Kirdec la miraba con desconfianza.
-Esta escalera es muy pequeña – dijo.
La voz de Cauvin se volvió oscura como una gruta en las profundidades de un abismo.
-La escalera será tan larga como tenga que ser cuando la uses.
El niño la agarró y se dirigió a la puerta.
Cuando la abrió y se giró, aquel amable anciano que minutos antes le había abierto, había desaparecido. En su lugar un ser oscuro, malvado, se erguía frente a él.
-Disfruta de tu escalera. Te veré dentro de unos años.
El niño meditando, le lanzó una mirada desafiante.
-¿Quieres saber para qué quiero la escalera?
Cauvin, demonio curioso donde los haya, se quedó esperando la respuesta.
De pronto, Kirdec, ya no parecía tan niño. Su mirada no era la de un mocoso de unos pocos años. Su mirada desprendía el sufrimiento y el carácter adquirido durante tres vidas.
-La quiero para abrir una puerta en el infierno que tienes en el bosque... – con estas palabras se dio media vuelta y marchó.
El rostro desencajado de Cauvin no podía mostrar más furia.
-Espero que te haya válido la pena – dijo vociferando.- Un trato es un trato!!!!!!
-Sin duda, ha merecido la pena...
Y así es como Kirdec, caminado al ocaso del día, despareció en el horizonte...
Horas más tarde Kirdec dejó de caminar. Lo había hecho hasta llegar al corazón del bosque. Allí frente a él estaba. Un pozo. Un oscuro pozo. Un pozo maligno. Lo había descubierto días atrás. Desde que se acercó por primera vez pudo percibir una sensación extraña. Desconcertante. Agria. Mala.
Se situó en el borde del pozo. Agarró la escalera por la parte superior y la introdujo en el círculo de oscuridad que se extendía hasta los confines de la tierra.
La escalera empezó a crecer y crecer y crecer y crecer... hasta que tocó fondo y paró de hacerlo.
Kirdec la soltó y pudo comprobar como aparentemente llegaba desde su parte más inferior hasta el borde superior.
Un sonrisa se dibujo en su cara.
Empezó a caminar de nuevo con un pensamiento en su cabeza:
“Espero que si alguien cae en este pozo maligno, encuentre la salida más fácilmente”
Caminó y caminó y caminó... y se perdió en el horizonte...
Toc, toc, toc.
Los golpes provenían de la puerta principal. El anciano caminaba con dificultad hacia ella esquivando todo el material que tenía de por medio. Su pelo completamente blanco y las numerosas arrugas de su cara vislumbraban una larga vida, muy larga. Su respiración, entrecortada por el esfuerzo del movimiento, presagiaba que no muchos más alientos su boca iba a dejar escapar.
Toc, toc, toc.
El pobre anciano aceleró en la medida que pudo su paso, tratando de llegar a la puerta raudamente.
Toc, toc, toc... toc, toc, toc...
-Ya vaaaaaaa!!!!!!! – gritó con voz ronca.
Al abrir la puerta se sorprendió. Hacía ya mucho tiempo que nadie iba a ver a este anciano y la presencia de un niño en su umbral era algo completamente inusual para él.
El niño era rubio. No debería de tener más de seis o siete años. Tenía el pelo largo con tirabuzones. Su cara estaba llena de pecas y sus ojos desprendían la inocencia que provoca la ignorancia.
-Necesito una escalera. – dijo con voz risueña el niño.
Plantado frente al niño, el anciano se extrañó.
-¿Cómo dices?
-¡¡¡¡Necesito una escalera!!!! – dijo de nuevo con voz risueña.
El anciano lo miró severamente.
-Jovencito, esas no son maneras de dirigirse a la gente. Sobretodo si vas a pedir algo a alguien, ¿comprendes?. A ver... ¿cómo te llamas?
-Kirdec.
La expresión del anciano se iba relajando a medida que la conversación avanzaba.
-Muy bien Kirdec. Yo soy Cauvin. Dime, ¿qué puedo hacer por ti?
-Necesito una escalera – repitió.
El anciano, con una sonrisa de incredulidad, movía la cabeza de una lado a otro.
-Anda pasa y siéntate en esa mesa – dijo Cauvin señalando a una mesa desvencijada que había al fondo de la habitación.
Kirdec caminó por la habitación con los ojos abiertos de par en par, alucinando con todas las cosas que tenía el anciano esparcidas por el suelo. Se sentó con las piernas cruzadas y siguió con la mirada al anciano mientras este recorría la distancia que separaba la puerta principal de la mesa. En el trayecto, el anciano pasó junto a un perro que parecía ser de madera. Notando que éste había llamado la atención del niño, se detuvo. Lo tocó con su mano y el perro salió corriendo fuera de la estancia.
El niño, boquiabierto, no podía creer lo que acababa de ver. ¿Ese perro era real y estaba muy quieto? ¿O era un perro de madera que había cobrado vida?
Cauvin se sentó por fin.
-Yo no tengo una escalera. –dijo con una expresión de lamento.
Kirdec se entristeció. Su cara enfurruñada ni siquiera miraba directamente al anciano.
-Pero... puedes construir una ¿verdad? Tú eres el carpintero. – Su cara volvía a desprender la jovialidad de la esperanza.
El anciano se sorprendió ante las descaradas palabras del jovenzuelo.
-Hace ya mucho tiempo que no construyo nada. Mis manos ya no son capaces de sujetar firmemente el cincel. Mis ojos ya no ven con tanta claridad como lo hacía antaño. Soy un pobre viejo. He perdido mi habilidad.
La decepción de nuevo invadió a Kirdec.
Ante tal situación, algo en el alma del pobre anciano pareció romperse.
-A ver pequeño, ¿y para qué necesitas tú una escalera?
-Pues... porque la necesito. – dijo encogiéndose de hombros.
Una sonrisa se esbozó en la cara de Cauvin.
-Muy bien. Necesitas una escalera. ¿Cómo de larga ha de ser?
-Mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho... – los brazos del pobre niño no podían separase más de lo que estaban para indicarle como de larga había de ser la tan ansiada escalera.
El anciano suspiró. Parecía meditar su respuesta cuando se puso en pie.
-Está bien. Voy a ayudarte. Puedo hacerte una escalera tan larga como tú quieras...
El niño saltó se alegría de la silla en que estaba sentado.
El anciano, con su mano derecha indicó a Kirdec que se calmara.
-Yo te haré la escalera. La más larga del mundo. Para ti. Y tú a cambio tendrás que darme una cosa.
El niño, confuso, lo miró extrañado.
-Pero... yo no tengo dinero...- dijo lentamente.
El anciano se aproximó a él.
-No quiero nada... ahora...
Kirdec no lo comprendía.
-Dentro de veinte años te buscaré. Entonces tendrás que darme voluntariamente aquello que yo te pida. – su voz revelaba tranquilidad.
Kirdec no tardó en darle la respuesta.
-Valeeeeeeee!!!!!!!!
El anciano le extendió la mano. El niño la apretó en señal de trato.
En ese preciso instante los ojos del anciano cambiaron. De color marrón claro se transformaron en negros por completo. Las arrugas de su cara desaparecieron y una continua sonrisa malévola se instaló en su rostro.
Kirdec se asustó y se apartó.
-Un trato es un trato. – dijo Cauvin
Sacó un pañuelo de su bolsillo y lo posó sobre la mesa. Miró a Kirdec. Seguidamente agarró el pañuelo con tan solo dos dedos y al levantarlo apareció una escalera pequeña sobre la mesa.
-Es toda tuya – dijo señalando al niño.
Kirdec la miraba con desconfianza.
-Esta escalera es muy pequeña – dijo.
La voz de Cauvin se volvió oscura como una gruta en las profundidades de un abismo.
-La escalera será tan larga como tenga que ser cuando la uses.
El niño la agarró y se dirigió a la puerta.
Cuando la abrió y se giró, aquel amable anciano que minutos antes le había abierto, había desaparecido. En su lugar un ser oscuro, malvado, se erguía frente a él.
-Disfruta de tu escalera. Te veré dentro de unos años.
El niño meditando, le lanzó una mirada desafiante.
-¿Quieres saber para qué quiero la escalera?
Cauvin, demonio curioso donde los haya, se quedó esperando la respuesta.
De pronto, Kirdec, ya no parecía tan niño. Su mirada no era la de un mocoso de unos pocos años. Su mirada desprendía el sufrimiento y el carácter adquirido durante tres vidas.
-La quiero para abrir una puerta en el infierno que tienes en el bosque... – con estas palabras se dio media vuelta y marchó.
El rostro desencajado de Cauvin no podía mostrar más furia.
-Espero que te haya válido la pena – dijo vociferando.- Un trato es un trato!!!!!!
-Sin duda, ha merecido la pena...
Y así es como Kirdec, caminado al ocaso del día, despareció en el horizonte...
Horas más tarde Kirdec dejó de caminar. Lo había hecho hasta llegar al corazón del bosque. Allí frente a él estaba. Un pozo. Un oscuro pozo. Un pozo maligno. Lo había descubierto días atrás. Desde que se acercó por primera vez pudo percibir una sensación extraña. Desconcertante. Agria. Mala.
Se situó en el borde del pozo. Agarró la escalera por la parte superior y la introdujo en el círculo de oscuridad que se extendía hasta los confines de la tierra.
La escalera empezó a crecer y crecer y crecer y crecer... hasta que tocó fondo y paró de hacerlo.
Kirdec la soltó y pudo comprobar como aparentemente llegaba desde su parte más inferior hasta el borde superior.
Un sonrisa se dibujo en su cara.
Empezó a caminar de nuevo con un pensamiento en su cabeza:
“Espero que si alguien cae en este pozo maligno, encuentre la salida más fácilmente”
Caminó y caminó y caminó... y se perdió en el horizonte...
sábado, 5 de septiembre de 2009
Experimento musical
Tum tum tum….pi..pi…..tum tum tum..pi..pi...
Tum tum tum….pi..pi…..tum tum tum..pi..pi...
Tum tum tum….pi..pi…..tum tum tum..
Tic..tic..tic…tic..tic…
Tum tum tum….pi..pi….tic….tum tum tum..pi..pi...
Tum tum tum….pi..pi…..tic…tum tum tum..pi..pi...
Tum tum tum….
Ajá…ajá.....allá vamos….
Mi universo entero se destruía cada día en un suspiro
Poco a poco se agotaba la paz de mi retiro
Enjambres de tristeza hacían ya trizas mi alma
No me dejaban más afrontar la vida con calma
Vivía en un constante sin sentido de sensaciones
Nada funcionaba ni siquiera largas vacaciones
Desesperado trataba de localizar una jodida solución
Pero no había forma de salir de esa mala situación
La espiral de destrucción más hondo el agujero hacía
Alcohol, sexo, mentiras ya ni siquiera percibía si vivía
No le encontraba sentido al mundo que giraba a mi alrededor
Convencido estaba de que no era más que otro vago perdedor
Muchos trabajos de mierda profundizaban más mi herida
Mi mente y mi cabeza estaban cada vez más perdidas
Si no pasaba algo pronto un gran final no se intuía
Yo solo quería ser feliz, tampoco tanto pedía
Oráculos, tarot, galletas, brujas, el sabio
todos ellos apuntaban a un radical cambio
Unas manos amigas de la ciénaga de hastío me sacaron
Su sonrisa, su bondad, su calidez al fin me reanimaron
Un viaje de cambio entonces tuvo lugar
El karma de mi vida volvía a despegar
Un bañito en la playa y contemplar el atardecer
Puntos inflexivos para volver a renacer
Desde entonces valoro las cosas en su cuantía
Desde entonces sé que tengo una gran valía
Mucho puntos fuertes convencido de que tengo estoy
Al fin tras mucho tiempo conocimiento de a donde voy
A mi alrededor no creen en el cambio, dicen que no me muevo
A mi alrededor no se dan cuenta que para mi todo es nuevo
Así que por favor no te atrevas a llamarme vago
De llamarme algo, llámame socialmente relajado
Así que me he decidido hacer este experimento
Ahora me limito a vivir si puedo el momento
Sip, tal vez he perdido por completo el norte
Pero hey!!! ¿Habrá alguien a quién le importe?
R.
Tum tum tum….pi..pi…..tum tum tum..pi..pi...
Tum tum tum….pi..pi…..tum tum tum..
Tic..tic..tic…tic..tic…
Tum tum tum….pi..pi….tic….tum tum tum..pi..pi...
Tum tum tum….pi..pi…..tic…tum tum tum..pi..pi...
Tum tum tum….
Ajá…ajá.....allá vamos….
Mi universo entero se destruía cada día en un suspiro
Poco a poco se agotaba la paz de mi retiro
Enjambres de tristeza hacían ya trizas mi alma
No me dejaban más afrontar la vida con calma
Vivía en un constante sin sentido de sensaciones
Nada funcionaba ni siquiera largas vacaciones
Desesperado trataba de localizar una jodida solución
Pero no había forma de salir de esa mala situación
La espiral de destrucción más hondo el agujero hacía
Alcohol, sexo, mentiras ya ni siquiera percibía si vivía
No le encontraba sentido al mundo que giraba a mi alrededor
Convencido estaba de que no era más que otro vago perdedor
Muchos trabajos de mierda profundizaban más mi herida
Mi mente y mi cabeza estaban cada vez más perdidas
Si no pasaba algo pronto un gran final no se intuía
Yo solo quería ser feliz, tampoco tanto pedía
Oráculos, tarot, galletas, brujas, el sabio
todos ellos apuntaban a un radical cambio
Unas manos amigas de la ciénaga de hastío me sacaron
Su sonrisa, su bondad, su calidez al fin me reanimaron
Un viaje de cambio entonces tuvo lugar
El karma de mi vida volvía a despegar
Un bañito en la playa y contemplar el atardecer
Puntos inflexivos para volver a renacer
Desde entonces valoro las cosas en su cuantía
Desde entonces sé que tengo una gran valía
Mucho puntos fuertes convencido de que tengo estoy
Al fin tras mucho tiempo conocimiento de a donde voy
A mi alrededor no creen en el cambio, dicen que no me muevo
A mi alrededor no se dan cuenta que para mi todo es nuevo
Así que por favor no te atrevas a llamarme vago
De llamarme algo, llámame socialmente relajado
Así que me he decidido hacer este experimento
Ahora me limito a vivir si puedo el momento
Sip, tal vez he perdido por completo el norte
Pero hey!!! ¿Habrá alguien a quién le importe?
R.
viernes, 28 de agosto de 2009
domingo, 2 de agosto de 2009
Desencuentros inesperados
-Ese culito debe ser de gelatina... porque la mermelada no se mueve así.
Su melena rubia paró en seco. Se dio la vuelta y clavó sus penetrantes ojos marrones en él. Una expresión de incredulidad se dibujó en su cara.
Rápidamente él levantó las manos en símbolo de rendición.
-Disculpa. Sé que he sido un poco grosero. Pero verás... creo que realmente debes ser la chica más bonita que jamás he visto. Estoy convencido de que a todas horas tienes a chicos diciéndote lo maravillosa que debes ser. Sólo quería llamar tu atención. No pretendía ofenderte.
Había algo en su forma de hablar que parecía sincera.
Ella se relajó. Su expresión de incredulidad empezaba a desaparecer...
-Culito de gelatina... ¿en serio?- dijo dándose una suave palmada en su trasero.
De pronto una sonrisa inundó su rostro.
-Desde luego es de lo más original que me han dicho.
Él se acercó.
-Soy Carla. ¿Cuál es tu nombre?
-Russ.
Sus manos se estrecharon con suavidad mientras se miraban a los ojos.
La ciudad continuaba con su frenética vida. Pero para ellos el tiempo empezó a pasar más despacio.
Uno frente a otro en medio de una calle cualquiera de una ciudad desconocida.
La combinación era curiosa.
Ella alta, melena rubia bien peinada y con un cuerpo de infarto. Vestía un traje de chaqueta gris con camisa blanca que dejaba entrever que podría tratarse de una abogada o directiva de alguna empresa.
Él alto, melena rizada negra sujetada en una coleta que le llegaba a la altura de los hombros. Ni gordo ni delgado pero se intuía que no había pisado un gimnasio en su vida. Vestía unos tejanos y una camiseta negra en la que rezaba la consigna “no me llames vago, llámame socialmente relajado”.
La gente a su alrededor los esquivaba en medio de la calle. Los miraban de reojo, como si hubiera algo que no encajara en que dos personas tan distintas pudieran estar estrechándose la mano.
-Muy bien Russ, tienes mi atención. ¿Cuál es tu próximo movimiento?
Él nunca se habría podido esperar una respuesta como esa. Por norma general no tenía gran éxito entre las féminas. Su look desaliñado tendía a un efecto “déjame en paz, perdedor”.
-No voy a mentirte. Estoy sorprendido- dijo esquivando los ojos de Carla presa del nerviosismo. -Ni siquiera pensaba que te fueras a parar y mucho menos que me hablaras.
Notaba que las manos le empezaban a sudar. Rápidamente dejo de estrecharle la mano y se las metió de forma desenfada en los bolsillos traseros adoptando una postura un tanto extraña.
Carla miró su reloj.
-Mmm... no suelo hacer estas cosas pero mira... No tengo nada que hacer ahora mismo. ¿Quieres ir a tomar algo?
Russ asintió sonriendo.
El sol de la tarde estaba desapareciendo dejando una estampa de la ciudad digna de las mejores obras de los pintores impresionistas.
Juntos caminaron hasta llegar a una cafetería cercana.
Al sentarse una chica joven rápidamente les tomó nota. Al cabo de unos minutos en una bandeja trajo dos cervezas.
-Vaya... no hubiera apostado a que fueras una “beer girl”.
-¿Por qué no?- dijo levantando la cerveza y llevándosela a los labios.
Russ se quedó congelado. No pudo evitarlo y se quedo fijamente prendado de la imagen de la fría cerveza deslizándose por los carnosos labios de Carla.
Súbitamente una sensación de deseo le invadió por todo el cuerpo. La deseaba. La deseba. La deseaba desesperadamente. Sería perfecta.
Carla dejó la cerveza y le miró. Al ver que no reaccionaba, llamó su atención.
-¿Dónde estás?
-Perdona es que me estaba acordando de algo que tengo que hacer. Soy todo tuyo...
Comenzaron a charlar y el tiempo se perdió entre silencio y silencio.
Resultó ser una conversación muy agradable. Ambos habían nacido en la misma ciudad y, casualidades del destino, en el mismo barrio.
Carla le contó que trabajaba en una multinacional y que su trabajo le absorbía mucho tiempo. Vivía sola en un pequeño piso del centro y hacía poco que se había traslado a esta ciudad. No conocía prácticamente a nadie fuera del ámbito laboral debido a lo mucho que trabajaba. No tenía familia. Incluso en un alarde de sinceridad que sorprendió a Russ, le dijo que se sentía muy sola.
Está última confesión impactó en él. Hacía muy poco que se conocían y ya se sentía lo suficientemente a gusto como para confesarle algo tan íntimo...
Esto animó a Russ a abrirle un pedacito de su alma. Le explicó que él también estaba solo. Era fotógrafo freelance pero de momento no tenía mucho éxito. No tenía familia. Su hermana había fallecido recientemente y eso le había afectado mucho. Tanto que apenas salía de casa con lo que su vida social no era muy interesante. Mientras le comentaba esto no pudo evitar que unas lágrimas asomaran en sus ojos.
Carla al ver lo afectado que estaba en ese momento agarró una de sus manos y la sujetó entre las suyas. Una cálida sonrisa se dibujó en su cara mientras lentamente acariciaba con su pulgar el dorso de la mano de Russ. Éste la miró entre sollozos agradeciendo el gesto y le devolvió la sonrisa.
El silencio se hizo. No hacían falta las palabras. Las miradas, las sonrisas, las caricias... hablaban por ellos.
La noche había hecho suya por completo la ciudad.
Habían pasado horas desde que se sentaron en la cafetería. La camarera se acercó para comunicarles que iban a cerrar.
Ambos se levantaron y, tras pagar, se marcharon.
Caminaban por la calle mientas charlaban amistosamente.
Carla se agarró al brazo de Russ mientras caminaban. Él podía notar como le acariciaba produciéndole una sensación de cariño que hacía tiempo no sentía. No podía desearla más.
De pronto se pararon.
-Yo vivo aquí- dijo Russ nervioso.
-Vaya que casualidad...- dijo sonriendo Carla.
Notaba como continuaba acariciándole el brazo. Se giró frente a ella y le apartó el pelo de la cara.
-¿Te apetece subir a tomar una última cerveza y picar algo?
Carla pareció dudar un segundo.
-Está bien.
Russ sacó unas llaves de su bolsillo y abrió la puerta.
Llegaron al ascensor y esperaron a que llegara hasta ellos.
Entretanto Carla se le acercó lentamente y le susurró algo al oído.
-No he conocido a muchos chicos como tú. La manera en que te has abierto a mí en la cafetería me ha sorprendido... y me ha encantado.
Fue entonces cuando le besó en la mejilla. Un beso tan dulce que desconcertado la miró.
Seguidamente Carla posó las manos de Russ sobre su cintura, situó las suyas rodeándole la cabeza y le besó en los labios.
Ambos se enredaron en un continuo de pasión y dulzura.
Llegó el ascensor y subieron. Durante todo el trayecto sus labios no pararon de besarse, sus manos de tocarse, sus almas de quererse.
Ya en el piso, Russ trajo un par de cervezas. Bajó las luces y puso un disco de música relajante.
-No le molestará a tus vecinos la música a estas horas...
-Tranquila. Todos están fuera. Podemos hacer todo el ruido que queramos.
Carla le brindó la sonrisa más picara que jamás había visto.
Russ lo había decidido. Ella debía de ser la siguiente.
Conversaron un buen rato más mientras los besos cobraban vida propia.
El tiempo volaba...
Eran las dos de la madrugada cuando Carla se abrió la camisa dejando a la vista dos pechos impresionantes aprisionados en un sujetador blanco. Russ se puso nervioso.
Carla lo percibió.
-No te pongas nervioso cielo. No es la primera vez que ves algo así ¿no?
-Desde luego que no... es que... yo soy más bien tímido... no suelo invitar a mi casa a chicas nada más conocerlas...
Ella se acercó y le besó apasionadamente. Se sentó encima de él y le besó y le besó y le besó...
Russ podía notar como algo crecía en su interior. El deseo no podía ser mayor.
Entre beso y beso, Carla le acarició las mejillas.
-Cielo, estás a punto de ser un chico muy pero que muy afortunado.
Al unísono las manos de Carla se deslizaron por el cuello de Russ bajando por su pecho y parándose sobre su pantalón.
-Verás... esto no suele pasarme mucho...
-Déjate llevar...
Russ se ruborizó cuando le abrió la cremallera del pantalón y desabrochó el botón que aprisionaba su zona más íntima.
Carla podía notar lo excitado que estaba.
-¿Tienes alguna fantasía?
Él, excitado a más no poder, respondió balbuceando.
-Mmm... no. Yo...soy más bien normal en este sentido...
-¿Nunca has probado nada... socialmente incorrecto?
Russ agachó la mirada. Ella captó en seguida que había tocado un punto sensible.
-No pasa nada cielo. Es divertido. ¿Nunca lo has hecho estando tú o tu chica atados?
Los ojos de Russ se abrieron como platos.
-N... no...
Carla se separó de él un instante y fue a buscar su bolso. A continuación sacó lo que parecían dos juegos de esposas acolchadas.
-Mira lo que vamos a hacer. Yo y mis amigas nos vamos a ir al dormitorio. Tú vas a esperar cinco minutos... vas a ir a la cocina... vas a coger dos cervezas... y cuando entres vas a verme atada... y vas a disfrutar y hacerme disfrutar del mejor polvo de nuestras vidas... ¿te apetece?
Russ no podía creer la suerte que tenía. El deseo ya era incontrolable a estas alturas y ella le brindaba la oportunidad de saciarlo de forma inmediata.
Carla se levantó. Lo besó. Cogió sus cosas y contoneando sus caderas se perdió tras la puerta de la habitación.
Pasaron los cinco minutos y Russ entró.
Carla se encontraba desnuda a excepción de un tanga negro que tapaba su más íntimo regalo. Sus manos estaban aprisionadas por las esposas que a su vez estaban conectadas con el cabecero de la cama. Estaba indefensa. Era toda para él.
-Soy... toda... tuya – dijo con voz lasciva.
Él se acercó lentamente. Disfrutaba tanto de lo que estaba viendo que un intenso fuego recorrió su ser. Se quitó la camisa se sentó en la cama junto a ella y la miró.
-Estaba pensando... que... si te gustase...
-Dime...
-¿Y si también te amordazara suavemente con un pañuelo de seda que tengo por ahí...?
-Vaya, vaya- la voz de Carla no podía ser más caliente. -Veo que tienes imaginación... Mmm... me encantaría...
Russ abrió un cajón y sacó un pañuelo. Se lo ató alrededor de su boca y se levantó a ver a esa diosa que tenía en la cama.
De pronto una carcajada brotó de él. Carla lo miró extrañada.
-No puedo creer que esto me haya pasado a mí. ¿Sabes? Me ha encantado que llevaras tanto la iniciativa. He podido poner en práctica al “tímido”. No puedo creer que te hayas tragado todo la mierda que te he contado.
La cara de Carla cambió por completo. Una expresión de desconcierto se apoderó de ella mientras trataba de despojarse de las esposas y la mordaza. Imposible.
-Lo mejor ha sido cuando en la cafetería te he contado lo de mi hermana y he llorado... y tú te has conmovido y me has acariciado. Buffff.... ¡¡¡genial!!!
Carla ya estaba totalmente aterrorizada mientras Russ continuaba merodeando alrededor de la cama.
-Hace ya rato que estoy caliente, caliente. Pero no por follarte... sino por lo que voy a hacerte. Serás mi víctima número once. ¿Debes sentirte afortunada? Me lo voy a pasar en grande contigo. ¿Y sabes cuál es la mejor parte?
¡¡¡¡¡¡Que te has prestado a esposarte tu solita!!!!!! No creí que aceptarías la mordaza también... pero esta visto que eres una guarrona, guarrona... y ¿sabes qué les pasa a las chicas malas?
La desesperación hacía ya rato que había consumida a Carla. No paraba de moverse. Tratando de zafarse de los grilletes. Imposible.
-Bien. ¡Que empiece la fiesta!
Russ se aproximó y se sentó junto a ella. Dándole la espalda, abrió el cajón de la mesita donde Carla pudo ver la silueta de un cuchillo de hoja curvada. Él trató de alcanzarlo.
En ese preciso instante dos “clicks” resonaron en la habitación. Russ sorprendido se giró y lo que vio le causó un terror inesperado.
Carla se había despojado de las esposas. Mientras Russ se daba la vuelta, buscó bajo la almohada lo que resultó ser una pistola eléctrica. Antes de que él pudiera tener cualquier tipo de reacción, una descarga le hizo perder el conocimiento.
No sabía cuánto tiempo había pasado cuando recuperó la conciencia. Intentó moverse pero no podía. Intentaba hablar pero también le fue imposible. Fue entonces cuando comprendió la situación. Sus brazos estaban atados con sábanas desde las muñecas hasta el cabezal de la cama. Su boca estaba amordazada con el mismo pañuelo que había usada con Carla.
Ella, de pie frente a él, le miraba con gula. Seguía desnuda a excepción de su tanga pero la imagen que transmitía ya no era de ardiente pasión sino de depredación.
Caminaba de arriba a abajo de la habitación mientras hablaba como si nada le importara.
Entretanto sus manos jugueteaban con las esposas que antes le aprisionaban.
-¡¡¡Heyyyy!!! Ya vuelves a estar conmigo. ¡¡¡Bien!!! Sé que te estás preguntando... ¿cómo ha podido abrir las esposas? Tienen truco ¿sabes? No hace falta llave. Tienen un mecanismo de seguridad que permite abrirlas presionado cierta pieza. Si no hubieras estado tan ansioso por follarme... o matarme... o descuartizarme... o lo que fuera que ibas a hacerme... podrías haberlo visto.
Russ no daba crédito de lo que estaba pasando. Él era el depredador. Él era el cazador. Él nunca era la presa. Nunca. Y eso le aterrorizaba.
-¿Sabes? Es curioso... porque, ¿cómo has dicho?, iba a ser la víctima once, ¿no? Tengo que darte una noticia: no voy a ser la víctima once...
Carla lo miraba con seguridad, más lascivamente de lo que lo había hecho antes, mientras Russ lloraba de terror.
-En cambio... tú vas a ser mi víctima número nueve. ¡Qué pequeño es el mundo...! ¿Quién iba a decirme que en lugar de un perdedor ibas a ser un perturbado? ¡Un loco!
Carla se sentó junto a él en la cama. Abrió el cajón de la mesita y cogió el cuchillo de hoja curvada. Le miró con desdén mientras él se revolvía intentando escapar.
-Tranquilo. Puedes gritar todo lo que quieras. Todos están fuera. Podemos hacer todo el ruido que queramos...
Carla se levantó con el cuchillo en la mano y entornó la puerta de la habitación mientras gritaba...
-Realmente no te puedes fiar de nadie... ¿empezamos cielo?
Un portazo cerró la puerta de la habitación.
R.
Su melena rubia paró en seco. Se dio la vuelta y clavó sus penetrantes ojos marrones en él. Una expresión de incredulidad se dibujó en su cara.
Rápidamente él levantó las manos en símbolo de rendición.
-Disculpa. Sé que he sido un poco grosero. Pero verás... creo que realmente debes ser la chica más bonita que jamás he visto. Estoy convencido de que a todas horas tienes a chicos diciéndote lo maravillosa que debes ser. Sólo quería llamar tu atención. No pretendía ofenderte.
Había algo en su forma de hablar que parecía sincera.
Ella se relajó. Su expresión de incredulidad empezaba a desaparecer...
-Culito de gelatina... ¿en serio?- dijo dándose una suave palmada en su trasero.
De pronto una sonrisa inundó su rostro.
-Desde luego es de lo más original que me han dicho.
Él se acercó.
-Soy Carla. ¿Cuál es tu nombre?
-Russ.
Sus manos se estrecharon con suavidad mientras se miraban a los ojos.
La ciudad continuaba con su frenética vida. Pero para ellos el tiempo empezó a pasar más despacio.
Uno frente a otro en medio de una calle cualquiera de una ciudad desconocida.
La combinación era curiosa.
Ella alta, melena rubia bien peinada y con un cuerpo de infarto. Vestía un traje de chaqueta gris con camisa blanca que dejaba entrever que podría tratarse de una abogada o directiva de alguna empresa.
Él alto, melena rizada negra sujetada en una coleta que le llegaba a la altura de los hombros. Ni gordo ni delgado pero se intuía que no había pisado un gimnasio en su vida. Vestía unos tejanos y una camiseta negra en la que rezaba la consigna “no me llames vago, llámame socialmente relajado”.
La gente a su alrededor los esquivaba en medio de la calle. Los miraban de reojo, como si hubiera algo que no encajara en que dos personas tan distintas pudieran estar estrechándose la mano.
-Muy bien Russ, tienes mi atención. ¿Cuál es tu próximo movimiento?
Él nunca se habría podido esperar una respuesta como esa. Por norma general no tenía gran éxito entre las féminas. Su look desaliñado tendía a un efecto “déjame en paz, perdedor”.
-No voy a mentirte. Estoy sorprendido- dijo esquivando los ojos de Carla presa del nerviosismo. -Ni siquiera pensaba que te fueras a parar y mucho menos que me hablaras.
Notaba que las manos le empezaban a sudar. Rápidamente dejo de estrecharle la mano y se las metió de forma desenfada en los bolsillos traseros adoptando una postura un tanto extraña.
Carla miró su reloj.
-Mmm... no suelo hacer estas cosas pero mira... No tengo nada que hacer ahora mismo. ¿Quieres ir a tomar algo?
Russ asintió sonriendo.
El sol de la tarde estaba desapareciendo dejando una estampa de la ciudad digna de las mejores obras de los pintores impresionistas.
Juntos caminaron hasta llegar a una cafetería cercana.
Al sentarse una chica joven rápidamente les tomó nota. Al cabo de unos minutos en una bandeja trajo dos cervezas.
-Vaya... no hubiera apostado a que fueras una “beer girl”.
-¿Por qué no?- dijo levantando la cerveza y llevándosela a los labios.
Russ se quedó congelado. No pudo evitarlo y se quedo fijamente prendado de la imagen de la fría cerveza deslizándose por los carnosos labios de Carla.
Súbitamente una sensación de deseo le invadió por todo el cuerpo. La deseaba. La deseba. La deseaba desesperadamente. Sería perfecta.
Carla dejó la cerveza y le miró. Al ver que no reaccionaba, llamó su atención.
-¿Dónde estás?
-Perdona es que me estaba acordando de algo que tengo que hacer. Soy todo tuyo...
Comenzaron a charlar y el tiempo se perdió entre silencio y silencio.
Resultó ser una conversación muy agradable. Ambos habían nacido en la misma ciudad y, casualidades del destino, en el mismo barrio.
Carla le contó que trabajaba en una multinacional y que su trabajo le absorbía mucho tiempo. Vivía sola en un pequeño piso del centro y hacía poco que se había traslado a esta ciudad. No conocía prácticamente a nadie fuera del ámbito laboral debido a lo mucho que trabajaba. No tenía familia. Incluso en un alarde de sinceridad que sorprendió a Russ, le dijo que se sentía muy sola.
Está última confesión impactó en él. Hacía muy poco que se conocían y ya se sentía lo suficientemente a gusto como para confesarle algo tan íntimo...
Esto animó a Russ a abrirle un pedacito de su alma. Le explicó que él también estaba solo. Era fotógrafo freelance pero de momento no tenía mucho éxito. No tenía familia. Su hermana había fallecido recientemente y eso le había afectado mucho. Tanto que apenas salía de casa con lo que su vida social no era muy interesante. Mientras le comentaba esto no pudo evitar que unas lágrimas asomaran en sus ojos.
Carla al ver lo afectado que estaba en ese momento agarró una de sus manos y la sujetó entre las suyas. Una cálida sonrisa se dibujó en su cara mientras lentamente acariciaba con su pulgar el dorso de la mano de Russ. Éste la miró entre sollozos agradeciendo el gesto y le devolvió la sonrisa.
El silencio se hizo. No hacían falta las palabras. Las miradas, las sonrisas, las caricias... hablaban por ellos.
La noche había hecho suya por completo la ciudad.
Habían pasado horas desde que se sentaron en la cafetería. La camarera se acercó para comunicarles que iban a cerrar.
Ambos se levantaron y, tras pagar, se marcharon.
Caminaban por la calle mientas charlaban amistosamente.
Carla se agarró al brazo de Russ mientras caminaban. Él podía notar como le acariciaba produciéndole una sensación de cariño que hacía tiempo no sentía. No podía desearla más.
De pronto se pararon.
-Yo vivo aquí- dijo Russ nervioso.
-Vaya que casualidad...- dijo sonriendo Carla.
Notaba como continuaba acariciándole el brazo. Se giró frente a ella y le apartó el pelo de la cara.
-¿Te apetece subir a tomar una última cerveza y picar algo?
Carla pareció dudar un segundo.
-Está bien.
Russ sacó unas llaves de su bolsillo y abrió la puerta.
Llegaron al ascensor y esperaron a que llegara hasta ellos.
Entretanto Carla se le acercó lentamente y le susurró algo al oído.
-No he conocido a muchos chicos como tú. La manera en que te has abierto a mí en la cafetería me ha sorprendido... y me ha encantado.
Fue entonces cuando le besó en la mejilla. Un beso tan dulce que desconcertado la miró.
Seguidamente Carla posó las manos de Russ sobre su cintura, situó las suyas rodeándole la cabeza y le besó en los labios.
Ambos se enredaron en un continuo de pasión y dulzura.
Llegó el ascensor y subieron. Durante todo el trayecto sus labios no pararon de besarse, sus manos de tocarse, sus almas de quererse.
Ya en el piso, Russ trajo un par de cervezas. Bajó las luces y puso un disco de música relajante.
-No le molestará a tus vecinos la música a estas horas...
-Tranquila. Todos están fuera. Podemos hacer todo el ruido que queramos.
Carla le brindó la sonrisa más picara que jamás había visto.
Russ lo había decidido. Ella debía de ser la siguiente.
Conversaron un buen rato más mientras los besos cobraban vida propia.
El tiempo volaba...
Eran las dos de la madrugada cuando Carla se abrió la camisa dejando a la vista dos pechos impresionantes aprisionados en un sujetador blanco. Russ se puso nervioso.
Carla lo percibió.
-No te pongas nervioso cielo. No es la primera vez que ves algo así ¿no?
-Desde luego que no... es que... yo soy más bien tímido... no suelo invitar a mi casa a chicas nada más conocerlas...
Ella se acercó y le besó apasionadamente. Se sentó encima de él y le besó y le besó y le besó...
Russ podía notar como algo crecía en su interior. El deseo no podía ser mayor.
Entre beso y beso, Carla le acarició las mejillas.
-Cielo, estás a punto de ser un chico muy pero que muy afortunado.
Al unísono las manos de Carla se deslizaron por el cuello de Russ bajando por su pecho y parándose sobre su pantalón.
-Verás... esto no suele pasarme mucho...
-Déjate llevar...
Russ se ruborizó cuando le abrió la cremallera del pantalón y desabrochó el botón que aprisionaba su zona más íntima.
Carla podía notar lo excitado que estaba.
-¿Tienes alguna fantasía?
Él, excitado a más no poder, respondió balbuceando.
-Mmm... no. Yo...soy más bien normal en este sentido...
-¿Nunca has probado nada... socialmente incorrecto?
Russ agachó la mirada. Ella captó en seguida que había tocado un punto sensible.
-No pasa nada cielo. Es divertido. ¿Nunca lo has hecho estando tú o tu chica atados?
Los ojos de Russ se abrieron como platos.
-N... no...
Carla se separó de él un instante y fue a buscar su bolso. A continuación sacó lo que parecían dos juegos de esposas acolchadas.
-Mira lo que vamos a hacer. Yo y mis amigas nos vamos a ir al dormitorio. Tú vas a esperar cinco minutos... vas a ir a la cocina... vas a coger dos cervezas... y cuando entres vas a verme atada... y vas a disfrutar y hacerme disfrutar del mejor polvo de nuestras vidas... ¿te apetece?
Russ no podía creer la suerte que tenía. El deseo ya era incontrolable a estas alturas y ella le brindaba la oportunidad de saciarlo de forma inmediata.
Carla se levantó. Lo besó. Cogió sus cosas y contoneando sus caderas se perdió tras la puerta de la habitación.
Pasaron los cinco minutos y Russ entró.
Carla se encontraba desnuda a excepción de un tanga negro que tapaba su más íntimo regalo. Sus manos estaban aprisionadas por las esposas que a su vez estaban conectadas con el cabecero de la cama. Estaba indefensa. Era toda para él.
-Soy... toda... tuya – dijo con voz lasciva.
Él se acercó lentamente. Disfrutaba tanto de lo que estaba viendo que un intenso fuego recorrió su ser. Se quitó la camisa se sentó en la cama junto a ella y la miró.
-Estaba pensando... que... si te gustase...
-Dime...
-¿Y si también te amordazara suavemente con un pañuelo de seda que tengo por ahí...?
-Vaya, vaya- la voz de Carla no podía ser más caliente. -Veo que tienes imaginación... Mmm... me encantaría...
Russ abrió un cajón y sacó un pañuelo. Se lo ató alrededor de su boca y se levantó a ver a esa diosa que tenía en la cama.
De pronto una carcajada brotó de él. Carla lo miró extrañada.
-No puedo creer que esto me haya pasado a mí. ¿Sabes? Me ha encantado que llevaras tanto la iniciativa. He podido poner en práctica al “tímido”. No puedo creer que te hayas tragado todo la mierda que te he contado.
La cara de Carla cambió por completo. Una expresión de desconcierto se apoderó de ella mientras trataba de despojarse de las esposas y la mordaza. Imposible.
-Lo mejor ha sido cuando en la cafetería te he contado lo de mi hermana y he llorado... y tú te has conmovido y me has acariciado. Buffff.... ¡¡¡genial!!!
Carla ya estaba totalmente aterrorizada mientras Russ continuaba merodeando alrededor de la cama.
-Hace ya rato que estoy caliente, caliente. Pero no por follarte... sino por lo que voy a hacerte. Serás mi víctima número once. ¿Debes sentirte afortunada? Me lo voy a pasar en grande contigo. ¿Y sabes cuál es la mejor parte?
¡¡¡¡¡¡Que te has prestado a esposarte tu solita!!!!!! No creí que aceptarías la mordaza también... pero esta visto que eres una guarrona, guarrona... y ¿sabes qué les pasa a las chicas malas?
La desesperación hacía ya rato que había consumida a Carla. No paraba de moverse. Tratando de zafarse de los grilletes. Imposible.
-Bien. ¡Que empiece la fiesta!
Russ se aproximó y se sentó junto a ella. Dándole la espalda, abrió el cajón de la mesita donde Carla pudo ver la silueta de un cuchillo de hoja curvada. Él trató de alcanzarlo.
En ese preciso instante dos “clicks” resonaron en la habitación. Russ sorprendido se giró y lo que vio le causó un terror inesperado.
Carla se había despojado de las esposas. Mientras Russ se daba la vuelta, buscó bajo la almohada lo que resultó ser una pistola eléctrica. Antes de que él pudiera tener cualquier tipo de reacción, una descarga le hizo perder el conocimiento.
No sabía cuánto tiempo había pasado cuando recuperó la conciencia. Intentó moverse pero no podía. Intentaba hablar pero también le fue imposible. Fue entonces cuando comprendió la situación. Sus brazos estaban atados con sábanas desde las muñecas hasta el cabezal de la cama. Su boca estaba amordazada con el mismo pañuelo que había usada con Carla.
Ella, de pie frente a él, le miraba con gula. Seguía desnuda a excepción de su tanga pero la imagen que transmitía ya no era de ardiente pasión sino de depredación.
Caminaba de arriba a abajo de la habitación mientras hablaba como si nada le importara.
Entretanto sus manos jugueteaban con las esposas que antes le aprisionaban.
-¡¡¡Heyyyy!!! Ya vuelves a estar conmigo. ¡¡¡Bien!!! Sé que te estás preguntando... ¿cómo ha podido abrir las esposas? Tienen truco ¿sabes? No hace falta llave. Tienen un mecanismo de seguridad que permite abrirlas presionado cierta pieza. Si no hubieras estado tan ansioso por follarme... o matarme... o descuartizarme... o lo que fuera que ibas a hacerme... podrías haberlo visto.
Russ no daba crédito de lo que estaba pasando. Él era el depredador. Él era el cazador. Él nunca era la presa. Nunca. Y eso le aterrorizaba.
-¿Sabes? Es curioso... porque, ¿cómo has dicho?, iba a ser la víctima once, ¿no? Tengo que darte una noticia: no voy a ser la víctima once...
Carla lo miraba con seguridad, más lascivamente de lo que lo había hecho antes, mientras Russ lloraba de terror.
-En cambio... tú vas a ser mi víctima número nueve. ¡Qué pequeño es el mundo...! ¿Quién iba a decirme que en lugar de un perdedor ibas a ser un perturbado? ¡Un loco!
Carla se sentó junto a él en la cama. Abrió el cajón de la mesita y cogió el cuchillo de hoja curvada. Le miró con desdén mientras él se revolvía intentando escapar.
-Tranquilo. Puedes gritar todo lo que quieras. Todos están fuera. Podemos hacer todo el ruido que queramos...
Carla se levantó con el cuchillo en la mano y entornó la puerta de la habitación mientras gritaba...
-Realmente no te puedes fiar de nadie... ¿empezamos cielo?
Un portazo cerró la puerta de la habitación.
R.
miércoles, 22 de julio de 2009
Pregúntale al destino
Todo está conectado.
Pensaba que no, pero todo lo está.
Los ríos con los mares. Los mares con la lluvia. La lluvia con los ríos.
Todo está conectado.
Mentes que están conectadas.
Corazones que están conectados.
Todo está conectado.
… y por si fuera poco el destino tiene memoria…
Mi último Apocalipsis llegó tras nueve meses respecto a su predecesor. Yo me sentí muy afortunado porque generalmente era cada seis meses cuando regresaba. Pensé en su momento que tal vez mi vida estaba cambiando. Que por fin mi historia se había reescrito y me dirigía hacia un punto más cálido.
No podía estar más equivocado.
…Todo está conectado… y el destino tiene memoria….
Por eso el nuevo Apocalipsis ha golpeado más fuerte que nunca y con tan solo tres meses de diferencia con el anterior.
El destino se compensa….
Está vez ni lo vi venir. Por norma general, hay presagios. Situaciones profetizadas se cumplen. Pero esta vez no ha habido nada de nada.
El destino es caprichoso, que gran verdad.
Así sin imaginarlo, las fauces del abismo se han cernido sobre mí.
Otra vez.
Está vez son diferentes.
Nunca antes había podido ver los incisivos dientes de la bestia. Sus ojos amarillos me observan y no me dejan respirar. Trato de cerrar mis ojos. Trato de transportarme al mundo de los sueños donde puedo ser feliz. Pero todo eso me lo ha arrebatado.
Ya no sueño.
No vale la pena.
Voy a caer.
El destino quiere que caiga.
Sino no tiene sentido que una y otra vez me ataque y trate de derribarme.
Quiere hundirme…y está a punto de conseguirlo.
Yo solo quiero ser feliz…
Ni siquiera ser completamente feliz…
Me conformo con una falsa sensación de felicidad…
¿No basta con la soledad?
¿No basta con el vacío?
¿Por qué el destino quiere que me hunda más?
No soy perfecto…pero soy bueno…
No lo comprendo…
R.
Pensaba que no, pero todo lo está.
Los ríos con los mares. Los mares con la lluvia. La lluvia con los ríos.
Todo está conectado.
Mentes que están conectadas.
Corazones que están conectados.
Todo está conectado.
… y por si fuera poco el destino tiene memoria…
Mi último Apocalipsis llegó tras nueve meses respecto a su predecesor. Yo me sentí muy afortunado porque generalmente era cada seis meses cuando regresaba. Pensé en su momento que tal vez mi vida estaba cambiando. Que por fin mi historia se había reescrito y me dirigía hacia un punto más cálido.
No podía estar más equivocado.
…Todo está conectado… y el destino tiene memoria….
Por eso el nuevo Apocalipsis ha golpeado más fuerte que nunca y con tan solo tres meses de diferencia con el anterior.
El destino se compensa….
Está vez ni lo vi venir. Por norma general, hay presagios. Situaciones profetizadas se cumplen. Pero esta vez no ha habido nada de nada.
El destino es caprichoso, que gran verdad.
Así sin imaginarlo, las fauces del abismo se han cernido sobre mí.
Otra vez.
Está vez son diferentes.
Nunca antes había podido ver los incisivos dientes de la bestia. Sus ojos amarillos me observan y no me dejan respirar. Trato de cerrar mis ojos. Trato de transportarme al mundo de los sueños donde puedo ser feliz. Pero todo eso me lo ha arrebatado.
Ya no sueño.
No vale la pena.
Voy a caer.
El destino quiere que caiga.
Sino no tiene sentido que una y otra vez me ataque y trate de derribarme.
Quiere hundirme…y está a punto de conseguirlo.
Yo solo quiero ser feliz…
Ni siquiera ser completamente feliz…
Me conformo con una falsa sensación de felicidad…
¿No basta con la soledad?
¿No basta con el vacío?
¿Por qué el destino quiere que me hunda más?
No soy perfecto…pero soy bueno…
No lo comprendo…
R.
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