La calle está desierta. La oscuridad lo envuelve todo. De vez en cuando el aire rompe el silencio en susurros de medianoche. Las luces están fundidas debido al temporal. Las hojas se arremolinan en los rincones de las portaladas. Ecos de fantasma en la oscuridad.
Arrebujado en su abrigo deshace el camino de la mañana. Sus pasos suenan huecos en el fondo del silencio. El paisaje se desdibuja tras gotas de alcohol. Ya no llueve y se apresura en arribar a su casa. Quedan muchos pasos por dejar de andar...
Sale al encuentro. Asoma la cabeza por la puerta de la calle. Un frío recorre sus orejas y mejillas cortándolas en un dolor agudo. Resuelve finalmente salir de su refugio y con paso dubitativo avanza por la calle desierta. Siente un miedo clavado en su corazón. Acelera el paso; decelera el paso.
Siente sed. El alcohol empieza a nublar sus sentidos. El aire le trae pasos femeninos.
El viento azota su melena meciéndola de forma violenta en el aire. Cierra los ojos para que no le entre restos de polvo.
Detiene sus pasos. Su miembro se ha puesto erecto y siente un deseo abrasador dentro de sí mismo. A lo lejos sus ojos no le engañan con una figura esbelta. Se esconde tras la columna de la portalada ansioso de que llegue su nueva presa. Pasan los segundos como minutos... el reloj se detiene a cada instante. El tiempo parece haber muerto mientras su deseo crece desmesuradamente. Siente sed.
Ya está cerca. Siente respirar a su víctima. Aprieta sus puños. Ya está aquí. Pasa de largo de la portalada y sin pensarlo se lanza sobre ella por la espalda.
- Quiero hacerte el amor toda la noche, mi amor...
- ¡¡Marco!! -se abraza efusivamente-. Me tenías muy preocupada... ¿dónde te has met...? ¡¡Oh!! ¡¡Apestas a alcohol!!
Arrebujado en su abrigo deshace el camino de la mañana. Sus pasos suenan huecos en el fondo del silencio. El paisaje se desdibuja tras gotas de alcohol. Ya no llueve y se apresura en arribar a su casa. Quedan muchos pasos por dejar de andar...
Sale al encuentro. Asoma la cabeza por la puerta de la calle. Un frío recorre sus orejas y mejillas cortándolas en un dolor agudo. Resuelve finalmente salir de su refugio y con paso dubitativo avanza por la calle desierta. Siente un miedo clavado en su corazón. Acelera el paso; decelera el paso.
Siente sed. El alcohol empieza a nublar sus sentidos. El aire le trae pasos femeninos.
El viento azota su melena meciéndola de forma violenta en el aire. Cierra los ojos para que no le entre restos de polvo.
Detiene sus pasos. Su miembro se ha puesto erecto y siente un deseo abrasador dentro de sí mismo. A lo lejos sus ojos no le engañan con una figura esbelta. Se esconde tras la columna de la portalada ansioso de que llegue su nueva presa. Pasan los segundos como minutos... el reloj se detiene a cada instante. El tiempo parece haber muerto mientras su deseo crece desmesuradamente. Siente sed.
Ya está cerca. Siente respirar a su víctima. Aprieta sus puños. Ya está aquí. Pasa de largo de la portalada y sin pensarlo se lanza sobre ella por la espalda.
- Quiero hacerte el amor toda la noche, mi amor...
- ¡¡Marco!! -se abraza efusivamente-. Me tenías muy preocupada... ¿dónde te has met...? ¡¡Oh!! ¡¡Apestas a alcohol!!